"¿Cree usted que si lo pudiera decir con unas cuantas palabras, me tomaría el enorme y brutal trabajo de bailarlo?" (Isadora Duncan)

martes, 9 de octubre de 2007

A mí la lluvia


Después de haber pasado un invierno realmente frío en Londres, cambié mi actitud hacia el tiempo gris y lluvioso. Antes me deprimía cuando llovía. Sin embargo, después de esa temporada en la ciudad que más me gusta en el mundo, cuando disfruté enormemente unas merecidas y fabulosas vacaciones, entendí que uno puede interpretar los sucesos meteorológicos de diferente manera: no necesariamente gris es triste. Me impresionó cómo los niños jugaban en los juegos de los parques -eso sí, bien abrigados- sin preocupaciones y los corredores surcaban el Hyde Park en shorts y remeras con la piel quemada por el frío y la nevisca.

Ahora cuando llueve me pongo impermeable (adquirí finalmente un impermeable lindo), paraguas (adquirí a las cansadas paraguas), y dentro de lo posible uso zapatos ad-hoc. Hasta me compré un sombrerito. Al fin y al cabo es todo cuestión de estar equipada y tener actitú. Como en casi todos los órdenes de la vida, según mi personal filosofía.


Cuando llueve y estoy durmiendo, sueño que nado o que estoy a la vera del mar o del río. Sino también fascino con que la ciudad se limpia, los árboles se desprenden de la polución, la tierra se moja, las plantas beben, crecen, reverdecen. El aire también se purifica. Después de las lluvias con tormenta todo está más reluciente.

4 comentarios:

Satamarina dijo...

odio la lluvia y no me entran los sombreritos

saludos

Cosima dijo...

Lo único que importa es encontrar un sombrerito que te quepa. Yo lo compré en Edinburgo así que por eso me da más placer aún usarlo.

Recién vengo de almorzar y el día fresco y húmedo me imagino que hace que mi cutis esté ídem, como el de las inglesas - English roses.

Está todo en la actitud.

Anónimo dijo...

amo esos sombreritos y nunca encuentro uno asì y que sea impermeable!!!!
viste còmo volvieron a full las botas de goma! beias!
mxm

Roedor dijo...

A mí la lluvia tampoco me inspira, como a Antoñito, y a mí Londres también me parece la ciudad más bella del mundo.

La lluvia no es un estado de ánimo si uno ya tiene uno comprado con anterioridad, de todos modos. Las gotas en la cara por algún parque de Londres (o hasta por la Av. Cabildo, si nos ponemos en amplios), pueden ser gloriosas.

Y a veces ni hace falta el sombrerito, che.