"¿Cree usted que si lo pudiera decir con unas cuantas palabras, me tomaría el enorme y brutal trabajo de bailarlo?" (Isadora Duncan)
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martes, 29 de octubre de 2013

Recalculando

En Edinburgo no hay mosquitos. De hecho no hay insectos. No hay polillas, creo que vi dos o tres moscas, sin exagerar, que tan bien se me da. Hay ‘Daddylonglegs’ que no sé como se llaman en castellano, pero son esos bichos chiquitos con unas patas muy largas. No hay bocinazos, no hay casi crimen, no hay mugre, no hay gritos. Tampoco hay mucho sol, y es una lástima que eso me importe demasiado.

He vuelto aunque sólo físicamente. Creo que me gustaría volver pero estoy esperando a que el cuerpo me lo pida. Pero mi cuerpo esta desconectado de todo. Veo amigos y familia pero me siento un poco desapegada. Creo que me importa más lo que dejé allí.

Necesito que algo me incline la balanza, que está muy pareja apenas oscilando entre los dos platos. Me duele el arrancón potencial que implica decidir irme o quedarme. Qué será de mi. 

lunes, 18 de julio de 2011

Golden Cage

Ayer salí a amortizar mis nuevas zapatillas, aprovechando el día soleado, fresco y seco. Fue toda una experiencia salir con los anteojos de ver. Generalmente salgo sin ellos, por diversas razones. Una es para evitar ver al idiota que mea con todo el gallinero afuera atrás de un árbol del rosedal. Otra porque pienso mejor sin anteojos. Como si me costara encerrame en mi cascarón...

Pero ayer venía mirando el pastito cuando veo una mancha amarillo-verdosa que piaba. Era un pajarito con pinta de canario, y una pulsera en la pata. Me quedé atónita tratando de descubrir por qué un canario estaba en los bosques de palermo -- y no volaba. Quizá estaba enfermo, o quizá no había volado nunca. Por ahí era de criadero y estaba totalmente perdido en la inmensidad de la selva, según sus estándares. Por ahí estaba enfermo. O quizá alguien lo había liberado pero no sabía qué hacer con tanta libertad. No sabía si rescatarlo: podía comprarle una jaulita y mijo y cáscara de huevo, o dejarlo libre y librado a su destino, que parecía poco propicio, ya que en apariencia no podía volar.

Me decidí por la libertad. Cuyo precio tan caro no me es extraño. Hoy tuve ganas de rezar por él.