"¿Cree usted que si lo pudiera decir con unas cuantas palabras, me tomaría el enorme y brutal trabajo de bailarlo?" (Isadora Duncan)
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sábado, 4 de enero de 2014

Locos

Últimamente me he rodeado de gente con capacidades diferentes. Capaz que algo quiere decir. Trabajo para una persona de casi un siglo. Mi peor es nada es casi Asperger's, mi mejor amiga por ahí le anda. Mi otro amigo es, según él bipolar. 

O estoy demasiado cerca y por ende no veo que nadie sea normal, o el viento nos amontona. Creo que es lo segundo.  También implica ver al mundo de una manera especial, probablemente con un poco más de dolor y  lucidez que el ciudadano promedio. Y por añadidura con la consabida infelicidad. 

Acá es cuando aprecio monumentalmente lo que quizá fuera el legado más importante de mi madre: el sentido del humor. Ante el absurdo de la vida, el dolor, la injusticia, las cosas sin remedio... afirmaba que todo debía disolverse en una estentórea carcajada. 

jueves, 21 de noviembre de 2013

Qué dolor

Apenas llegada de vuelta de mi sabático, enganché una peli, empezada, como las mejores película por supuesto, (o la ví en el avión?) en la que Kate Hudson, una desenfadada ejecutiva, se entera de que tiene cáncer. Históricamente siempre lidiaba con los problemas con una risa descalificadora. 

Pero la enfermedad empieza a limarla anímica y físicamente. Sus amigas la acompañan, se enamora del médico, en contra de las recomendaciones de todos, y la madre, más tarde, hace su entrada en la piel de Kathy Bates. Que me gusta muchísimo. 

Ella que era independiente, resuelta, llena de vida, sin miedos, divertida, querida, y además se quería diferenciar de su madre -típicamente- en un momento le pide perdón por haberla tratado mal. Siempre.  Ya estaba diezmada por la quimioterapia, las infecciones… en el lecho de muerte. Y su madre, con todo el amor del mundo, y también haciendo gala de grandeza de espíritu inmensa, cosa que seguro había heredado la hija aunque no lo supiera o quisiera admitir, le  asegura que es lo que las hijas hacen a las madres. 

La escena se me clavó en el alma y me hizo pensar, arrepentirme, y encontrar también cierto consuelo. Pero lo mejor que me di cuenta, es que tengo ganas de ver a la mía, de encontrarnos, de oler su perfume, de ver sus manos largas y añosas pero siempre bien arregladas, su mirada intensa y dulce, su gesto no sin cierto rictus.Sé con toda mi alma y me gustaría muchísimo volvernos porque gracias a su sentido del humor las dos podríamos estallar en sendas estentóreas carcajadas. 

miércoles, 23 de marzo de 2011

50 años no es nada

El propósito subyacente de este blog es intentar escribir los recuerdos que recuerde y las cosas dignas de relatar.

Aunque no he cumplido con aquello de que la inspiración nos ha de encontrar trabajando, me excuso de no haber producido nada.

Otra vez recurro a lo más fácil, las memorias de la niñez. En este caso con la esperanza de que la imagen diga muchas cosas que no puedo expresar, porque como en ese sueño recurrente, tengo la boca tupida de alfileres.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Quemar las naves

Esta mañana me sorprendió mi propio malhumor. Al principio lo atribuí a que desde temprano tuve que atender llamadas del viejo continente, con quien nos llevamos 5 horas de diferencia, por lo que a nuestras 9 horas antemeridianas, todos están ansiosos. Después lo atribuí a que en esas conversaciones fueron con dos personas bastante pesadas. Me dolía la cabeza y me tomé un actrón.

Ahora que hice una pausa para almorzar mientras webbeo, tuve un momento de iluminación: anoche soñé con mi madre. Ella me decía en el sueño: "No me digas más 'mamá'. Ahora decime Ana."

Lo interpreto de dos maneras: me rechazaba, ó al fin terminé mi duelo. Las dos cosas son re dolorosas. Pero también tengo una sensación que algo tiene de liberación.

martes, 14 de julio de 2009

"Cuando Faltó El Niño Jorge"


Hace dos semanas partí al Oeste con X, mi coequiper preferido. Objetivo principal: festejar el 4 de Julio al estilo argentino: con un lechón asado en el medio del campo. Con el frío de cagarse y todo. El plan era: salimos de casa, recogemos el puerco, compramos pan fresco, limón para los vodka-tonics, revisamos las gomas y encaramos la ruta 7 y llegar a tiempo para almorzar. Allí nos esperaban A&M, totalmente mimetizados con la pampa bárbara. El pasto seco, los árboles ralos. Llegamos sanos y salvos a pesar de los esfuerzos en contrario del copiloto y su sentido del humor corrosivo. Si no fuera que uno recuerda los verdores estivales parecería un páramo sin remedio.

Almorzamos ensaladas con mini asado para no arruinar nuestro apetito para la noche, nos tiramos un rato al aire libre, que estaba cálido y sin viento y al rato partimos a recorrer. Observamos molinos y aguadas, alambrados y tranqueras, bovinos y ovinos. X se entretuvo, cual púber, tirándole zapallitos silvestres a los toros que pacían con absoluta parsimonia, aparentemente descansando de varias fechas de trabajo intensivo. Falta decir que éstos se mantenían inmutables a los ataques vegetales del ½ gringo.

Como manda la vida rural, después de las tareas debidas, pasamos a visitar a los vecinos: tomamos el té en lo de la tía ET que cumplía años, ella siempre tan jovial y hippie a sus flamantes 70, y después a tomar unos mates a lo de Lopardo, ése sí gringo 100% pero de las pampas, octogenario, de ojos azul hielo, menudo, vital, y cuyo único signo senil es un brazo medio duro seguramente de alguna rotura mal arreglada. Me dijo al verme bajar del auto 'No ha perdido la pinta, niña Cosima'.

A sabiendas del éxito seguro de la técnica de conseguir recuerdos de este lado de la familia, le hice la pregunta del millón: "¿Durante cuánto ha trabajado con ellos?" Y empezó a contarme historias inefables y no tanto y más antiguas que inclusive las recordadas por mi madre o contadas por mi abuelo, que bien se cuidaba de no contar las historias desaliñadas... Oír sus relatos de las dos o tres generaciones sucesivas me hizo valorar la senectud, su segura riqueza. Nos fue contando cómo se fueron articulando las sucesiones hasta el día de hoy. En el caso de los dueños de casa fue 'Cuando Faltó el Niño Jorge', ese hermano con epilepsia y algo lento de mi abuelo, de una bondad extrema. Murió inocente, a una edad provecta.

martes, 2 de junio de 2009

El movimiento se demuestra andando


Mi estado se parece a una densa neblina interior que ciega todo lo que no esté inmediatamente debajo de mi nariz, de mis ojos, mucho más allá de la punta de las yemas de mis dedos o todo aquello que no sea indispensable y totalmente necesario. No encuentro motivación ni energía para encarar la escultura o la pintura, el canto o escribir un poco, el yoga. Sólo apenas la vida social indispensable para no transformarme en una total misántropa. Mucha taciturnidad. Bastante dificultad para comunicarme. Quizá este estado sea el que reflejan mis dos sueños recurrentes más antiguos: ese donde tengo alfileres en la boca como si fuera un alfiletero (y no me dejan hablar) (¿porque sino hieren?) y el sueño que soy un monstruo mutante, igual que todos los demás, pero los demás mutan en grupos homogéneos y yo no me parezco a ninguno.

No sé si quiero todavía disipar la bruma algo morbosa y mirar para adelante y también para atrás. No se si ya reuní suficientes fuerzas. Me parece que me falta un poco.

Pero hace un par de días me siento sensiblemente mejor. ¿Será? El Otoño casi siempre me sienta bien. Sobre todo si es soleado.

miércoles, 22 de abril de 2009

Full Circle


Como dice Mixmi, cuando una persona muere, las otras ocupan su lugar. No sé a quien cita, si acaso. Pero hoy seguí un impulso más o menos irracional, como casi siempre sucede cuando hago cosas buenas, y llegué a casa despues de un día demasiado largo de trabajo, en el cual consumí tanta adrenalina en la primera hora del día, que se me hizo casi insoportable.

Llegué a casa, entonces, abrí la heladera (esa que mi querido amigo P. me heredó forzosamente cuando se fue a vivir a Londinium) y saqué los 2 (?) kilos de ciruelas, los puse en la olla de presión (también legado de P.) la llené de azúcar y agua y así cerró el círculo aquel que empezaba "cuando sea vieja quiero ser como mi abuela", aquella abuela que todo lo que tocaba lo transformaba en algo bello o útil más siempre maravilloso.

Veremos si sale compota, mermelada o dulce. El resultado es lo de menos.

jueves, 16 de abril de 2009

Riada

Pareciera que las aguas se van aquietando. Fue demoledor. Nunca me sentí así, o casi. Las obligaciones de la vida lentamente nos fuerzan a volver a poner los pies sobre la tierra.

Una sola cosa tiene positivo el dolor de lo inexorable. Y es la íntima convicción de que hay cosas que no son más para siempre. Nunca volverán.

Me llevo mejor con la certeza que con la duda.

sábado, 21 de marzo de 2009

Feliz Cumpleaños

http://www.youtube.com/watch?v=i0KRUGGajto

sábado, 14 de marzo de 2009

Hoy tiré viejas hojas/de esas que hablaban del pasado....

Ayer fuimos una vez más a la casa de nuestra madre. El objetivo buscar documentos y avanzar en empezar a vaciar la casa. Todo transcurrió fluidamente hasta que me topé con el cajón del material de traducción. Era una traductora pública y había trabajado en grandes empresas, casi todas industrias bastante pesadas y duras, desde dragado de puertos, hasta centrales nucleares, pasando por un mundial, varios estudios de abogados, lineas aéreas, agencias de noticias internacinonales...

Me tomó por sorpresa encontrar, en la pila de glosarios, un cuaderno con notas manuscritas. Toparme con su caligrafía alta, algo apretada, un poco torneada, orgullosa y esmerada, fue como si me hubiese caido un meteorito en la cabeza. Quizá asociaba a mi madre a la traductora, por sobre todos sus otros roles de madre, esposa, amiga (de los demas), persona sociable, etc. etc.

Creo que la definió su manera de entregarse a su vida con pasión y sentido de la tragedia abrevadas en su amado Wagner y sus obras. Muchas veces pienso que era una persona que difícilmente se la pudiese considerar indiferente. Se arrojaba con pasión a las cosas que encaraba. A su trabajo, a la risa, a cuidar a su marido enfermo y convalesciente como si fuera una heroína de las peliculas del año 5O - como esas enfermeras que curaban a los soldados de guerra con un sentido muy romántico del amor y del dolor. Creo que la definió su honestidad. Brutal. Radical. Extrema.

martes, 30 de diciembre de 2008

Volveré


Ya no sé si voy o vengo. Mejor me tomo unos días. Me llevo un ¿mensaje? que ví hoy.

martes, 2 de diciembre de 2008

Parnasito

Media luna atrás estuve en el ranchito que nuestra madre supo construir en lo que entonces era el medio del campo y que luego devino en ghetto moderno.

Regué con fruición como quien intenta a través de un signo improbable afectar otro hecho de la vida. Aún a pesar de las dudas, me sentí mejor. Empecé a encarnar aquel consejo del catalán que me mandó unas líneas tan bien ponderadas y a las cuales me aferro en busca de consuelo. "Tu consuelo en su ausencia puede ser pensar que, desde ahora, ella vive en ti, que tú la vas a sentir como parte de ti misma, que todo lo quella era te lo transmite a ti, para que tú lo cuides y lo transmitas"

jueves, 16 de octubre de 2008

Constipación y Concordia

Tengo un hueco en el trabajo y un corcho en el corazón. Cuando tengo ratos en que amaina el trabajo me inunda una marea de pesar que no logro metabolizar. Siento que no me dejan hacer mi duelo. Que la vida continúa. No se suspende como debería, de haber perdido a alguien tan vital, central. Todo continúa. Es más, te presiona y te arrastra como una riada. Y yo quiero llorar y llorar hasta que se me acaben las lágrimas. Pero no me dejan y tampoco me sale. Tengo una pena encerrada que me hace juntar una presión insoportable.
Qué cara es la falta de ataduras.
Qué importante la concordia con los que amo.
Todo pasa.
Pasará.
Pero todavía no.

martes, 30 de septiembre de 2008

Mamá


Dejó cuatro hijos, dos hijos políticos, cinco nietos, muchos amigos, tíos, primos, parientes lejanos, y una legión de amigos y amigas que penan su partida.

También dejó un balcón ahíto de flores.

No se olvidó nada.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Se Fue Para Siempre

El viernes, mientras trabajaba, me llamó mi hermano más grande con urgencia. Los cuatro nos dirigimos tan rápido como pudimos, y no llegamos a verla una vez más con vida. Nos hicieron esperar. Lloramos. Soportamos el golpe juntos. No quiero recordar o relatar detalles.

Me gusta pensar que el día 26, el día anterior al 27, que era el día que cumplía años nuestro padre, él la vino a buscar para festejar juntos de nuevo, después de 30 años exactos. Me gusta pensar que quizá podrían estar tomándose unos gin&tonics bailando boleros al son de Tito Puente, o la Sonora Matancera. Amarraditos. Como los ví tantas veces cuando me levantaba para ir al colegio, y ya con el uniforme y debidamente desayunada, bajaba a despedirme antes de irme a clase, y los encontraba bailando lento a las primeras horas del día, estirando una velada magnífica hasta lo increíble.

sábado, 27 de septiembre de 2008

lunes, 22 de septiembre de 2008

Cósmica

Ojalá que las fuerzas del cosmos, y su orden y belleza, se conjuren a través de la primavera y transportándose por los rayos del sol entren por esa ventana desde donde se ve el cielo, y le procuren salud, fortaleza y felicidad a todas esas personas que se balancean en el frágil hilo que divide la vida y tu opuesto.

lunes, 15 de septiembre de 2008

Si querés llorar, SHORÁ

Hay días que no puedo parar de llorar.

Otro días no puedo llorar aunque quiera.

Algunas canciones jamás dejan de hacerme llorar.

Como esta:

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Demasiada Pena

Hacen 90 días de lucha a brazo partido por la salud de nuestra madre.

Los detalles no valen la pena mencionarlos porque son demasiado tristes.

Las resistencias de todos se minan. El dolor es inmenso. La impotencia, directamente proporcional. Los recusos se agostan. La esperanza es esquiva. El futuro es incierto. La angustia es omnipresente. El miedo es agobiante. La dirección de los acontecimientos, impredecible. La fe, menguante.

La gente acompaña. A veces aconseja. A veces irrita.

Camino con una infinita pesadumbre. Me siento vulnerable al extremo. Y no veo la salida. Ni una pequeña luz. Aunque mi mente en el trasfondo sostenga que algo bueno puede pasar en algún momento.