"¿Cree usted que si lo pudiera decir con unas cuantas palabras, me tomaría el enorme y brutal trabajo de bailarlo?" (Isadora Duncan)
Mostrando las entradas con la etiqueta Ejercicios. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Ejercicios. Mostrar todas las entradas
sábado, 9 de enero de 2016
Envuelta en fuego
¿Que qué me pasa
por la cabeza? Me pasan tantas cosas que podría decir que no sé por dónde
empezar. Pero son básicamente dos cosas: Como Serrat, Un día de estos he de
plantearme/muy seriamente dejar de fumar/con esa tos que me entra al
levantarme. Para esto fui a ver por tercera vez, que espero sea la vencida, a
mi admirado Dr. Bergman. Es cardiólogo, trabaja con adicciones, pero la verdad
es que el tratamiento para dejar de fumar es totalmente secundario a las
charlas que con él puedo tener.
Me pregunta que
cómo estoy, que cómo me fue esta semana y le digo que me parece que fumé más,
que estoy ansiosa y fastidiada. Me pregunta cuántos fumo durante el trabajo y
le digo que si acaso uno. Que fumo uno antes de irme a trabajar y a la noche
cinco o seis. Sobre todo que ahora me cuesta más irme a dormir porque me cuesta
conciliar el sueño.
Me propone fumar
máximo 5 por día y fumar al aire libre, no adentro de mi casa. Si acaso en el
balcón. Acato y seguimos con los temas importantes. Hablamos de los padres, de
la escritura, del proceso creativo, de las motivaciones para la creatividad, de
lo que hace feliz a la gente. Me habla de la conferencia de Ted Robinson sobre
‘El Elemento’, aquel lugar donde la aptitud y el deseo se encuentran. Me habla
de Elisabeth Kubler-Ross y las etapas de la aceptación (de la muerte) que muy
bien se adecuan al duelo de dejar a ese amigo que es el cigarrillo. Ese que te
acompaña y siempre asiente. No te cuestiona, ni te critica ni te recuerda lo
que deberías ser. No te señala que no diste todo lo que pudiste, y así.
Divorciarse del cigarrillo es difícil. Aunque ya lo conseguí dos veces espero
que esta sea la vencida. No quiero terminar como mis tías viejas, cuyos vicios
y excesos les marcaron la cara, el cuerpo y en definitiva, la vida. No quiero
caer desplomada en el medio del parque y en el medio de un juego de croquet
como mi tía María Clara. No quiero tener el cutis gris como lo tenía mi tía
Rosa. Y así siguiendo. Pero a veces pienso que es casi inevitable no ya
transformarnos en nuestros padres, sino que además terminamos pareciéndonos
también a nuestros tíos, sobre todo si fueron siempre muy cercanos durante toda
la vida.
Todas las cosas
que me dice Bergman apelan a un sitio muy sensible en el cerebro, a ese sitio
donde casi nadie nunca llega. No sé cuál es pero es mi talón de Aquiles, el
botón de reset, ese que ni yo misma
sé dónde está y por lo tanto no puedo usar cuando querría. Me persuade de una
manera que voy casi como una autómata a perseguir mi objetivo, que siempre
pienso que tengo una intención imperfecta, pero no obstante me expongo a la
posibilidad de que funcione mi propósito de dejar de fumar. Dos veces ya
funcionó, repito. Hablamos de la culpa judeocristiana, hablamos sobre cómo
talló nuestras personalidades y cómo podemos hacerla actuar a nuestro favor.
Me dijo que
tengo una cualidad que es buena. Que es que en algún punto me río de mí misma.
Le digo que en eso me parezco a mi mamá, o al menos de ella lo aprendí, quizás
por ósmosis. Cuando las cosas no tienen remedio, y me doy cuenta de que no hay
nada que pueda hacer, después que ya probé todo, entonces y sólo entonces, y
ante el agotamiento de los recursos, que nunca son pocos, entonces vomito una
carcajada, aunque un poco desesperada. Después las endorfinas harán el resto.
Cuando me
propuso otro ejercicio, “ya que te gusta escribir”, pero, a la sola mención del
título, se me hizo un nudo en la garganta. Me dijo que me imaginara que es mi
cumpleaños número 80 y que tres personas reales o imaginarias me escriben una
carta. O que cuál podría ser mi epitafio. Si yo lo pudiera elegir, mi epitafio
sería: “Su dolor se disolvía en una estentórea carcajada”.
Otro ejercicio
que me propuso fue que escribiera las cartas que me gustaría que me escribieran
si llego a los 80, que a este paso es difícil. Me gustaría recibirlas de Ian,
de Rocío y quizás de mi amiga Martita, o Laura P., que yo creo que son quienes
me conocen más acabadamente; y eso que soy muy complicada.
Me dijo como si
fuera obvio que tengo poca autoestima. Yo coincido en que es la fuente de todos
mis males y le cuento cómo cuando era niña, en mi tribu, era un pecado capital
ser ‘pillada’, o sea presumida, presuntuosa, orgullosa. Cualquier brote diferente
a la humildad más franciscana era pisoteado como una cucaracha, antes de que
exhalara la primera molécula de aire.
Bergman es
cardiólogo pero, me dijo, igual que yo, también en algún punto estudió medicina
por mandato familiar. Si bien a mí me dieron mi bendición para estudiar Bellas
Artes, ya que era más o menos obvio que era mi camino -al menos en ese momento-
pero, claro, tuve muy muchos mandatos, otros. Me sigue diciendo que en realidad
a él le habría gustado ser músico o actor, y que en su otra actividad, que es
lidiar con las adicciones, siente que tiene un outlet para esas aficiones. No
estoy muy segura de cuán alineada está la docencia con la actuación o la
música. Según Lole, mi colega del trabajo, está lleno de médicos que tocan
algún instrumento.
En cualquier
cosa creo que esto de dejar de fumar me va a provocar una huida hacia adelante
en la forma de escribir. Porque qué voy a hacer con el ansia, la ansiedad, la
desesperación, el malhumor, y todos esos sentimientos cotidianos con los que
vivo? Si sirve para tenerme escribiendo seguido, pero lo que se dice seguido,
pues entonces la escritura bien vale largar el pucho.
Como propósito
para este año nuevo me he fijado sólo dos objetivos: dejar de fumar y escribir.
Empecé bien, porque a día 7 de enero ya hace dos semanas que empecé el
tratamiento para dejar de fumar y varias semanas de haber retomado el taller.
El otro día tuve una epifanía semi vigil en la que me di cuenta que esto es lo
que tengo que hacer. Escribir. No importa si es aburrido. No importa si es
monotemático. No importa si es self-centered. Por algún lado hay que empezar.
Hay que adquirir el hábito. Hay que necesitarlo como el aire. Hay que desoír
las voces del desánimo propias y ajenas. Hay que pasar por sobre encima de todo.
Ayer me sentía una bola de fuego impulsada por un tornado. Me sentía fuerte y
de buen humor. Seguro que en parte debido a una de las acciones colaterales de
la droga: ‘sensación inusual de bienestar’. Esa fue mi motivación secreta
principal para dejar de fumar: que me dieran esa droga con tan deseable efecto
colateral. Encima when it kicks in,
provoca la deshabituación del tabaco. De hecho cuando B. me preguntó si notaba
algún cambio, aunque yo le contesté que creía que no, me preguntó si por
casualidad no encontraba difícil terminar los cigarrillos. Y le dije que sí!!!
Qué bueno!! entonces está empezando a hacer efecto.
Como las otras
dos veces anteriores, seguro me va a hacer poner fecha para el día señalado en
el que voy a dejar de fumar definitivamente. Hablando de vicios, culpas,
religiones y símbolos, cada vez elegí fechas señaladas, que me hablaran.
El fin de
semana, cuando eskypeé con Ian, después de haber hablado sobre las
celebraciones de Hogmanay, desembocamos en el tema pucho. Es un santo. La
verdad es que no puedo creer que le puedo fumar en la cara y ni pestañea. Así
como es de fóbico con casi todos los seres de la existencia, a mi me banca
todo. Casi demasiado. A veces me da miedo de que me mande a la mierda. Si yo
fuera él ya me habría mandado a la mierda hace añares. Bueno, el asunto es que
cuando le dije que estaba buscando una fecha para dejar de fumar, pero tenía
que ser una fecha simbólica, me dijo que entonces tenía que ser el 25 de enero,
el día del héroe nacional escocés, Rabbie Burns. En esa noche, los hombres
celebran a las mujeres, entre otras cosas. Ian siempre me recita poemas de
Burns. Con acento escocés y todo. El efecto es demoledor. Pues bien. Entonces,
la semana que viene cuando lo vea al Dr. B., y me haga elegir una fecha, voy a
elegir el 25 de enero. Veremos cómo me va. Si lo consigo, me imagino que el
resto del año, como me merecería, podría fluir como un barco en una laguna,
como una mano sobre la seda, como una brisa en una mañana de verano. Todo esto
puede suceder.
Casi diría que
no puedo parar de escribir. Estoy esperando que me interrumpa mi jefe. Menos
mal que puedo escribir porque si no creo que agotaría a la gente a mi alrededor
con mi cháchara. Cambio y fuera. Me voy a ganar el pan. Digo las vacaciones.
Basta
—“Hola, hermosura”, la saludó el flaco.
—“Hola. Llegaste tarde, me hiciste esperar. Como siempre.”
—“Ay, Chuchú… ¡qué carácter! ¿Cómo estás?”, saludó sin más explicación, como siempre hacía.
—“Y, si te fijás te vas a dar cuenta. Estoy shockeada, alterada y preocupada. Mi jefe está prófugo. Me vengo a desayunar que lo acusan de negocios turbios”. dijo ella no sin cierta acidez.
—“Ah. ¿Y eso es bueno o es malo? “le preguntó él, tratando de minimizar.
—“La verdad no sé mucho. Me estoy desayunando de todo esto. No tenía ni la más remota idea de que esto hubiera sucedido. No me tomó del todo por sorpresa porque este negocio no me lo imaginé nunca limpio. Qué sorpresas que tiene la vida. Toda mi carrera trabajando en empresas serias, re serias, y, a esta altura, esto. No lo puedo creer.”
—“Pero bueno, no te preocupes, no es tu problema”, argumentó él, intentando sin vano suavizar.
—“Claro que es mi problema. Por supuesto que es mi problema. Para empezar me pueden llamar a declarar, me puede apuntar el fiscal, me pueden someter a un interrogatorio y para seguir, me podría quedar sin trabajo. Mi trabajo es todo para mi. No ves que es lo que me garantiza la independencia? Lo único que me importa es la libertad. Toda la vida trabajé para vivir así. Esto amenaza toda mi vida. Es terrible. Estoy trastornada. Muy trastornada. Al borde del pánico.”
—“¡Bueeeno, Chuchú…! ¡Pero no pasa nada! Qué va a pasar? Como mucho te tendrás que bajar un poco del caballo. Y tendrás que viajar menos o no viajar. Igual viajar es el consuelo de los mediocres”.
Ella se levantó poseída por una ira incontenible y le dijo sin más mientras se dirigía a la puerta y la abría, todo en un solo impulso.
—“¡Te vas!”, vociferó ella. “¡Te vas ya mismo!.¡¡ YA MISMO!!”
Y él se fue, sólo algo confundido, convencido de que pasaría mucho tiempo hasta que se le pasara el berrinche. Como siempre.
***
27 de octubre
—“¿Me invitás a comer a tu casa?” irrumpió él después de tiempo más o menos largo de proscripción. Aunque quizás, pensó ella, ni se había dado cuenta.
—“Ya comí” le contestó ella secamente, mal disimulando su fastidio acumulado.
—“Entonces invitame a dormir” redobló la apuesta él.
—“No, porque estoy tengo insomnio y estoy tratando de conciliar el sueño. Y vos no me dejas dormir”
—“No podés dormir porque no me querés invitar a dormir” Insistió él, quizás ignorando el hilo de la conversación.
—“No te quiero volver a ver, ni a oír, ni a leer. Nada. No te entiendo. No puedo establecer una conexión con vos. No entiendo lo que hablás y mucho menos lo que hacés. Te pido por favor que no me contactes más. Ya te lo dije mil veces. Queremos cosas distintas. Y sobre todo yo no estoy segura de qué es lo que vos querés de mi. Es más, me intuyo que es algo que a mí me revienta.”, y cortó. Pero alcanzó a escuchar.
—“¡¡Sos diosa, mi Chuchúuu!!”
***
14 de diciembre
—“Hola. Me salió un tumor en el páncreas. El jueves me hacen una resonancia. Luego punción u operación para saber si es bueno o malo. Estoy viviendo en el tigre con Carla Farra. Ayer fuimos a andar en kayak y nos bañamos en el río” Todo en la misma oración y sin respirar, le descargó él, sin ningún signo de apasionamiento.
—“¿¡Qué?!, se alarmó ella. Pero, a ver, vayamos por partes: ¿como te diste cuenta? ¿Desde cuándo lo tenés? ¿Quién es Carina?
—“Carla, aclaró él.”
—“Bueno, es igual”, desestimó ella.
—“Estoy viviendo en el Tigre con ella. Es sicóloga, trabaja con cosas de energía, piedras, y esas cosas esotéricas. Es la que conocí hace tres años, justo antes de conocerte a vos. Nos reencontramos. Estoy enamorado. Pensé que nunca más me iba a volver a pasar. Es lindo lo que me pasó. La historia es larga pero el milagro ocurrió. Espero no morir muy pronto. Si no te jode, quiero que un día vengas, te va a encantar. Ella y el lugar. Además me encantaría que me acompañaras. Quiero que estés cerca, si te bancás. Tengo paz, estoy feliz y vos sos hermosa….”
Neura du jour: amores, desengaños, Ejercicios, Escribir!!, Hombres, just freaking do it, just write, La Libertad, Me Siento Bien
Asociaciones Insólitas
1.La luna redonda como una piedra de molino
2.El balcón verde como una casa en un árbol
3.El ruido irritante del tráfico como un fuego cruzado4.
El ruido implacable de las alarmas como ranas en una zanja después de la lluvia
5.La lluvia indiferente como un manto de lana fría
6.El ruido circular de los motores como un grito desesperado
7.El murmullo permanente de la gente como un taladro en el oído medio
8.El golpazo de la puerta de hierro como el disparo seco de una bala
9.El ruido disruptivo de los autos pasando como un chiflido de una bala rozando el oído
10.La aspiradora eficiente como un monstruo voraz
11.La aspiradora obediente como una manta raya, barriendo el fondo del mar
12.Las cortinas de voile moviéndose etéreas como la aurora boreal
13.Las picaduras inflamadas de mosquitos como cráteres a punto de abrirse
14.Su cara poceada como un campo recién arado
15.Su cabeza rala y tibia como el fondo de una laguna
16.Sus labios apretados herméticamente como una el caparazón de una ostra
17.Su mandíbula apretada como una prensa de encuadernar
18.Sus pelos inoportunos como clavos en el parquet
19.Su expresión de asco, repugnantes como las fauces del océano más profundo
20.Sus ojos azules como las galaxias
21.Sus ojos azules quietos como un atardecer en las montañas
22.Sus ojos azules ciegos como el fondo del mar
23.Sus ojos azules esquivos como la felicidad
24.Sus ojos verdes sorprendentes como la elación
25.Sus ojos azules calmos como la bondad
26.Sus ojos azules alegres como las piedras en la orilla del lago
27.Sus ojos azules fríos como el fuego de gas de red
28.Los ojos turquesas obcenos como los cenotes de Yucatán
29.El pelo partido al medio lustroso como pingüinos empetrolados
30.El pelo graso como la brea fresca
31.Su pelada prometedora como una bola de cristal
32.Su cabeza suave como un sweater de cashmere
33.Su cabeza suave y redonda como un ovillo de lana virgen
34.Su cabeza grande como mi amor
35.Su mente amenazante como un revólver descerrajado
36.Su consejo, vital como un salvavidas en el medio de un naufragio
37.Su cabeza como un osito de peluche
38.Su cabeza, repleta como un tesoro bucanero
39.Su mente imponente como una catedral románica
40.Su mente brillante como la cúpula dorada del New College
41.Sus rasgos cincelados como las calles de la Royal Mile
42.Su mirada bondadosa como las imágenes sagradas de las iglesias de pueblo
43.Su mirada compasiva como mi imaginación cuando está contenta
44.Su mirada azul como un meteorito
45.Sus ojos almendrados como la corteza de los alerces
46.Sus bigotes finos como la sombra de las nubes en la arena
47.Su adicción a la atención como la de un imán de neodimio
48.Su cuerpo tirante como un volcán a punto de explotar
49.Su torso ancho como el borde del Pampero
50.Sus manos sensibles como los brazos de un pulpo
2.El balcón verde como una casa en un árbol
3.El ruido irritante del tráfico como un fuego cruzado4.
El ruido implacable de las alarmas como ranas en una zanja después de la lluvia
5.La lluvia indiferente como un manto de lana fría
6.El ruido circular de los motores como un grito desesperado
7.El murmullo permanente de la gente como un taladro en el oído medio
8.El golpazo de la puerta de hierro como el disparo seco de una bala
9.El ruido disruptivo de los autos pasando como un chiflido de una bala rozando el oído
10.La aspiradora eficiente como un monstruo voraz
11.La aspiradora obediente como una manta raya, barriendo el fondo del mar
12.Las cortinas de voile moviéndose etéreas como la aurora boreal
13.Las picaduras inflamadas de mosquitos como cráteres a punto de abrirse
14.Su cara poceada como un campo recién arado
15.Su cabeza rala y tibia como el fondo de una laguna
16.Sus labios apretados herméticamente como una el caparazón de una ostra
17.Su mandíbula apretada como una prensa de encuadernar
18.Sus pelos inoportunos como clavos en el parquet
19.Su expresión de asco, repugnantes como las fauces del océano más profundo
20.Sus ojos azules como las galaxias
21.Sus ojos azules quietos como un atardecer en las montañas
22.Sus ojos azules ciegos como el fondo del mar
23.Sus ojos azules esquivos como la felicidad
24.Sus ojos verdes sorprendentes como la elación
25.Sus ojos azules calmos como la bondad
26.Sus ojos azules alegres como las piedras en la orilla del lago
27.Sus ojos azules fríos como el fuego de gas de red
28.Los ojos turquesas obcenos como los cenotes de Yucatán
29.El pelo partido al medio lustroso como pingüinos empetrolados
30.El pelo graso como la brea fresca
31.Su pelada prometedora como una bola de cristal
32.Su cabeza suave como un sweater de cashmere
33.Su cabeza suave y redonda como un ovillo de lana virgen
34.Su cabeza grande como mi amor
35.Su mente amenazante como un revólver descerrajado
36.Su consejo, vital como un salvavidas en el medio de un naufragio
37.Su cabeza como un osito de peluche
38.Su cabeza, repleta como un tesoro bucanero
39.Su mente imponente como una catedral románica
40.Su mente brillante como la cúpula dorada del New College
41.Sus rasgos cincelados como las calles de la Royal Mile
42.Su mirada bondadosa como las imágenes sagradas de las iglesias de pueblo
43.Su mirada compasiva como mi imaginación cuando está contenta
44.Su mirada azul como un meteorito
45.Sus ojos almendrados como la corteza de los alerces
46.Sus bigotes finos como la sombra de las nubes en la arena
47.Su adicción a la atención como la de un imán de neodimio
48.Su cuerpo tirante como un volcán a punto de explotar
49.Su torso ancho como el borde del Pampero
50.Sus manos sensibles como los brazos de un pulpo
Neura du jour: amores, asociaciones inusuales, Ejercicios, Hombres, just freaking do it, just write
martes, 8 de diciembre de 2015
La última compra
Gracias a la desgracia de mi pobre amiga-hermana Sol, me subí a un avión y la fui a visitar. Por suerte no tuve que pagar el pasaje con plata, porque me revienta pagar pasajes. Éste, después de años de ahorrar millas, lo conseguí gratis. Tengo claro que lo rico engorda, lo bueno es caro y lo divertido (muy divertido) es ilegal o poco católico. Tanto esfuerzo para viajar como un osito de peluche en una cajita de regalo... incomodísimo. Todo lo contrario a cuando el Gordo me invita de viaje y me lleva en business. Esta es la vida que me merezco, pienso, citando interiormente a mi ex colega, María. Igual nunca tuve muy claro eso de merecer o no merecer. Mi educación más bien implicó que jamás pensase merecer mucho. O más bien nada. Todo empezó cuando era niña. Pasábamos mucho tiempo durante las vacaciones de invierno y verano en el medio de la selva misionera acompañando a mi padre, quien por entonces construía la ruta 12. Allí, Margarita, la cocinera del campamento de vialidad donde vivíamos, hacía unas pizzas gruesas y grasosas que detestábamos tanto o más que tener que compartir todo con su hijita Yrupé. Pobrecita Yrupé no hacía nada mal, pero todo el mundo la malcriaba, en franco contraste con la educación tan estricta que recibíamos los hijos del ingeniero. Teníamos que dar el ejemplo. Un día descubrí a Margarita con su novio hablando atrás de la ventana de la cocina, pegados a la pared que daba a la selva recién cortada para abrir el claro donde se iba a asentar el campamento. Ella le gritaba --”Me llenaste de bichos!!!” Le pregunté qué qué bichos pero no me contestó. Todavía no entendía muy bien si el novio de Margarita era el padre de Yrupé o no. Y me quedó la intriga sobre a qué bichos se refería, hasta que lo pude entender.
Llegaba la Navidad y partimos con mamá al pueblo a comprar regalos. A los chiquitos los dejamos en el campamento. Yo ya era grande y ligaba estos programones. La alternativa era ir a robar naranjas en la plantación de al lado. Y después tener diarrea por comerlas calientes. Los nombres de los pueblos que jalonaban la ruta 12 quedaron grabados en mi memoria de preescolar. Tanto que, desde entonces, cada vez los vuelvo a oír o leer, automáticamente huelo madreselvas y azahares. Oberá, Jardín América, Puerto Rico, Garuhapé, Puerto Piray, El Dorado, Puerto Esperanza, eran los nombres fabulosos de este lugar verde y óxido. Pero mi favorito y más evocador fue el último en el que recalamos antes de la fatalidad que nos hizo perder súbita y forzosamente la felicidad que nos era habitual. Wanda. No recuerdo nada del pueblo, pero no puedo olvidar la tienda de abarrotes. Era mucho menos provista que la pulpería del campo en el sur de Buenos Aires a la que estábamos habituados. En la última había salames, vino, tiento, cojinillos, mates, matras, desinfectante y otros objetos imposibles de identificar o mejor aún de utilizar a esa altura de la vida. En cambio en Wanda había muñecas con rulos rubios con cachetes pintados con purpurina, víboras articuladas, tapires, tortugas monos y otros animales de la selva hechos de caña, mates de metal coloreado con biselados geométricos y ropa interior de colores fluorescentes. Todo tenía colores. No como en la pampa que todo era de colores neutros. Como las bombachas blancas de algodón, las únicas que había conocido en mi vida hasta entonces. Elegimos los regalos para que iba a traer Papá Noel: para mi la muñeca, para Manolo la víbora, para Matías una tortuga, para Mimi una muñeca de trapo. -- “¿Y para Yrupé? Uy! ¡nos falta un regalo para Yrupé! Bueno. Ya se, dijo mi madre. Comprémosle unas bombachas de colores. Una verde loro y otra amarillo canario”. Yo pensé, todo muy selvático. Me pareció apropiado. Todo terminó satisfactoriamente. Nos subimos al auto hirviendo bajo el sol tropical de la selva misionera y manejamos por los caminos colorados bajo el sol abrasador. En esa época el aire acondicionado era un bien escaso.
Cuando estábamos por llegar al campamento, mamá frenó el auto y sin bajar, abrió la boca, tomó aire y me dijo: “Viste que por cada acción buena que uno hace, Dios te da unas estrellitas que te guarda en el cielo. Qué te parece si le damos la muñeca a Yrupé y vos te quedás con las bombachitas ‘de estrich’.” No supe muy bien cómo negociar entre el estupor y la promesa del premio, por lo cual ante la duda opté por avenirme a la propuesta, confiada en el promesa de mi madre. Mi pobre ser de 6 años. Esa fue la fundación de mis cuitas morales, las cuales hasta el día de hoy me acosan en los momentos más inoportunos. Aunque por suerte, a veces me espabilo y hago excepciones.
Finalmente cuando mis millas me llevaron a DC, así como llegué y casi sin deshacer la valija, y antes de que me asaltaran pensamientos contrarios, me dirigí al Apple Store más cercano, y fui y me compré el iPhone más grande, más brillante, más lindo y con más capacidad. Todavía me sigo vengando del cambiazo de las bombachitas.
sábado, 29 de marzo de 2014
Moviendo el carro
“Qué tarada que es la mina del ramo”,
pensó. “No sabe cuáles son las peonías. Qué clase de mina que hace los ramos no
sabe cuáles son las peonías. O sea, si se vende como que es la mina que hace
los ramos top, no es posible que no sepa cuáles son las peonías. Es que no
tiene ni idea. Qué boluda. ¡Además con lo que cobra! Y me quiere poner rosas.
Las rosas son lo menos. No entiendo. Y ahora qué hago. Ya sé, le voy a encargar
a Bea, que es gente como uno y entiende la diferencia. Y seguro tiene”.
Elenita siguió caminando mientras buceaba
su bolso en busca de su teléfono. Odiaba tener que multitaskear. Caminar y
buscar el teléfono no la dejaba pensar. Además se mareaba. Y se ponía
histérica. “¡Qué mala leche!”, pensaba. Cuando se ponía nerviosa, la relajaba
putear. Y además le salía el acento madrileño.“¡Que me cago en la leche!”,
repetía, inspirada. “¡Que me cago en los muertos! Que dónde he metido el
portable”. “Ni modo”. Cortó por lo sano: se hincó en el medio de la vereda de
la sombra de Parera y dio vuelta la cartera. Total el teléfono tenía forro de
silicona. “¡Uy! Tengo que comprar forros. Debería ir al Disco. Espero no
encontrarme con nadie!”, repasó mentalmente. Justo cuando había terminado de
dar vuelta la cartera oyó el ‘ringtone’
personalizado que repetía, como un mantra o una letanía: “I can never belong to
you”. The Kings of Convenience siempre la ayudaban a volver a encarrilarse.
Porque era de las que se descarrilan con facilidad. Y él ya tenía dueña.
“Puto”, pensó por enésima vez.
Su superyó era tan grande y tan real como
Superman. O últimamente lo había ilustrado como Metroman, el de Megamind. Era
fuerte, lustroso y poderoso, pero en el fondo era un flacucho débil y azul que
no sabía qué hacer de su vida. Lo mismo le pasaba con su novio. Era alto,
fornido, lustroso, lustroso su pelo, lustrosos sus músculos, sus ojos y sus
labios. Pero luego después estaba este otro. El flaco con ojos soñadores y
celestes, de los miembros y dedos largos, que tanto le gustaban. El de la boca
algo dura sobre todo al pronunciar la “y” el que la llamaba justo en los
momentos de debilidad, como si los oliera, el que justo estaba cerca
cuando se estaba por caer de bruces, el que llegaba a tiempo para darle un
pañuelo antes del estornudo, ése era el que la llamaba hoy y ahora, el día en
que se casaba para siempre con su novio de toda la vida. Su educación, su
tribu, la imagen de su madre ahora muerta, lo que ella pensaba que pensaban sus
amigas, todo absolutamente todo le lanzaba una admonición imaginaria a la cual
ella respondía con ese grito mudo dentro de su cabeza que la dejaba sorda de la
fuerza que hacía por salir: “la carne es débil”, se decía una y otra vez,
esperando que ese lugar común hiciera las veces de una validación que,
aunque falsa a todas luces, le acallara la culpa de lo que había venido
haciendo en el último año en que se había comprometido.
No alcanzó a atender el teléfono, pero
mientras deliberaba interiormente, la despertó la misma canción y respondió
automática y atolondradamente: “En Parera y Guido”. Caminó impulsada por la
energía mitad culpa mitad excitación hasta Guido y Callao donde vio la
camioneta mal estacionada con las balizas prendidas. Se subió de un salto de
alegría y el “Hueso” no perdió tiempo, puso primera y devoró la distancia entre
la parada en contravención y el departamento de Elenita.
Ella estaba terminando de vaciarlo para
mudarse al de Marcos, que, claro, era más grande. Pero el de ella tenía un
encanto especial. Era prolijo y a la moda. A lo largo de los años había desarrollado
un estilo de decoración que era el espejo de su personalidad: alegre, canchero,
moderno, y emanaba una buena vibra que sus amigos amaban y siempre admiraban.
Ahora estaba casi vacío y totalmente
desangelado, pero a ella esto la ayudaba para hacer de cuenta de que, lo que
estaba por hacer, iba a ser, idealmente, por última vez.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)