"¿Cree usted que si lo pudiera decir con unas cuantas palabras, me tomaría el enorme y brutal trabajo de bailarlo?" (Isadora Duncan)
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viernes, 7 de febrero de 2014

High Fidelity

Dentro de los propósitos que me fijé -con bastante desgano- para este año que empezó, en el primer lugar estaba dejar de fumar, cosa que he logrado hacen dos meses y medio.

Otro, que se repetía en mi lista desde hace años, y al cual no le ponía demasiada atención hasta que se hizo lugar en los primeros puestos, era escribir. Escribir algo. Sin pretensiones, sin censuras. Sólo escribir, hacer caso de eso que me salía en todos los tests vocacionales de mi adolescencia, eso que se colaba en mi mente sin saber de dónde venía. Y que cada vez que lo hacía me parecía que no me salía nada mal. Es más, cuando escribía relatos de mis viajes o aquí mismo, alguna ponderación recibía. 

Pues heme aquí, recién vuelta, por primera vez en mi vida, de un taller de escritura. Esta mañana, presa del pánico más animal y buscando la estúpida excusa del temporal, casi no voy. Pero al final conseguí forzarme a mí misma y volver victoriosa de una misión que me parecía horrible por lo difícil. 

Esta fue mi primera contribución, siguiendo la consigna de escribir, como Nick Hornby, una lista de mis 5 (favoritos?) novios. 

Y claro, la literatura al final es casi siempre sobre el amor. 

Voilá: 


El escocés. Una tarde oscura de invierno, encerrada en el cuartito de la computadora, sintiendo que todo el mundo estaba con alguien, ocupados, divertidos o no, me encontré surfeando la internet. Era la prehistoria de la red. Apenas había aparecido. La conexión era vía una línea de teléfono. Hacía ese ruidito que sonaba un poco a pito y un poco a pájaro. Sólo que más electrónico. La paciencia era fundamental. Era un ejercicio prácticamente inaudito. Pero el interés tiene pies. Así que, reprogramando la mente y el cuerpo, la mirada fija en el monitor, me aboqué a completar los cientos de casilleros que me separaban de mi hombre ideal. El bombero de Montana no me sedujo. Nunca me dejé fascinar por los uniformes ni por los servidores públicos, pero cuando leí que el sistema había arrojado, aún a pesar sus precarios algoritmos, un especialista en programación de ordenadores con una lista de libros que comprendía gran parte de la literatura clásica y moderna, casi fue una epifanía. Y era escocés. Esa nación que, en el fondo de mi alma, bullía con pocos ingredientes, pero a fuego lento y antiguo, a la lumbre de los genes y de la imaginación, esperando que una ocasión inopinada apareciera y detonara una relación profunda, larga, íntima, estrecha, vital, innegable e imposible de abandonar.

El arquitecto. Prefiero que las cosas no me sucedan, sino provocarlas. Pero esta vez fue el primer caso.  Después de un tiempo que no puedo precisar, finalmente un día, llegó a mi atención un mensaje que se repetía con una insistencia menor a la que me podría haber molestado, razón por la cual finalmente lo advertí, y más aún, contesté. Aún sabiendo que podía ser peligroso. Como el agua, que se mete donde puede, sin pedir permiso, sin violencia, pero sin demoras e inexorablemente, me dio amor, cariño, sexo sin prisa, sin competición, sin alarde,  sin libertad, sin prejuicios, sin esquemas. Al final, mientras no hable se parece bastante a la felicidad, suponiendo que eso sea encontrar lo que uno cree querer. Tiene el hábito de mirarme a los ojos, a veces con una fijeza vacía de –le digo- asesino serial. Devolver su mirada es como hacer la plancha en el mar caribe. Un azul tan profundo que parece verde, en el cual me gusta perderme hasta desear que nunca más nadie me encuentre.  Pero no me gusta que me hable. Porque no entiendo su humor, demasiado absurdo para mi literalidad, sus motivos ni sus excusas. Mucho mejor es verlo en acción y editar todo lo demás.

El castigo. Es un amor platónico, pero no por eso menos real o menos fuerte. La primera vez que caminé por el pasillo largo y angosto del famoso y antiguo estudio de abogados, con su alfombra vieja y manchada, los paneles de cedro lustrado a la goma laca muñeca, como se hacía antes, porque ya nadie tiene oficio, el primero de varios que me llamó para conocernos y conversar, fue el de la primer oficina a la izquierda, la de Wolfie.  Y habíamos sido vecinos en el mismo edificio, aunque a destiempo. Como todo el resto de nuestra relación. Nos conocimos cuando él ya había puesto primera en su vida. Más bien cuando ya estaba en 4ª y pronto a entrar en la velocidad crucero en la que se mantiene desde ese entonces, hace veinte años. O más. No obstantes todos los obstantes entre medio, cada vez que nos vemos no podemos dejar de mirarnos profundamente, aún cuando hablemos de cualquier tema. Por ejemplo de la vejez, del trabajo, de las malas elecciones de nuestros amigos comunes… Su mujer sostiene que me tiene celos pero que no se preocupa porque me conoce. Lo que no sabe es que no me conoce tan bien, ya que si yo tuviera la ocasión, ella posiblemente habría de lamentarlo.


El ingeniero Para no contrariar a Freud mi primer novio fue un ingeniero, igual que mi padre. Su cara redonda, su boquita minúscula, sus ojos grandes pero sobre todo su confiabilidad fue lo que me ganó de entrada. Que me viniera a buscar a las 9 en punto cuando había dicho a las 9 te busco me generaba un estado de maravillosa excitación que jamás le confesé. No fuera que supiera con qué poco me tenía. Lástima que le faltó amor. No en intensidad, sino en duración. Sentí que se sumió en un sopor indiferente que me ofendió en lo más profundo. Aunque el sexo haya sido probablemente el que más me haya gustado.  Era un buen candidato: atractivo sin estridencias, caballero y cariñoso, buen amante y trabajador. Pero me cambió por un barco. El día que me di cuenta que lo único que le hacía brillar los ojos era navegar, ese mismo día en que me di cuenta que no me quería así de tanto, me di por vencida y lo dejé.


El franchute. Es verdad que el tamaño importa. Quien diga lo contrario miente. No sé si es cierto que el tamaño de la nariz, las manos o los pies y otros miembros se corresponden, pero tiendo a pensar que es verdad, como así también es verdad que más es mejor que menos. Y también confirmé esa teoría que no sé siquiera si existe, aunque debería, que los franceses son los mejores amantes. El mismo amor que tienen por el buen vivir, la buena comida, los buenos vinos, el rico pan, el queso y todos los otros grandes placeres hedonistas, transpira en un arte de amar que no se parece al de nadie que yo haya conocido en mi no poca experiencia. Olvídense de los judíos; aunque me faltó un psicólogo.  Claro que el problema fue, precisamente en que era francés. Y esta vez como sinónimo de amoral, mentiroso, y pelotudo. Me costó perder su compañía, su cocina, su amor y sus grandes manos.



jueves, 20 de enero de 2011

The Connector

Cuán a menudo me acuerdo de los consejos y apreciaciones desinteresados de mis amigos más entrañables e íntimos. Por ejemplo, de aquella vez que Iolande afirmó tan rotundamente que imprimió para siempre: "Ay, Cosima, ¡es que vos hacés todo mal!".

Y tiene mucha razón. He aquí un ejemplo. Acabo de realizar una transacción brillante, en modo remoto. Y como muchas otras veces, los beneficiados fueron los otros.

Está mal perpetrar actos desinteresados y encima de una efectividad y adecuación impolutas. Está muy mal que yo no haga cosas así por mí. Algo está rematadamente jodido por ahí adentro.

jueves, 26 de agosto de 2010

Tail Wind

Algo cambió o está cambiando. Los clichés por previsibles no son menos ciertos. Después de grandes cambios ó crisis, una vez que una puede sacar la cabeza del agua y despues de recuperar el aire y volver a respirar normalmente, hasta relajadamente, cosas buenas empiezan a suceder.

A veces me veo tan lerda por no ver o aceptar las cosas antes - incluso cuando hacerlo me reportaría un inmediato beneficio!

Anyway. Despues de una temporadita en el infierno de nuevo me siento 'quite myself again'. Tengo energía, inspiración, y cierto valor para encarar cosas. Y de encararlas con menos angustia.

Quizá es la aproximación inexorable de mi cumpleaños número cincuenta.

miércoles, 29 de octubre de 2008

Sooth My Soul, Mend My Mind

Siempre fui amiga de las ideas rotundas. Este tiempo ya largo que vengo estuchando mucha música escandinava, y escocesa, independiente, que tanto bien me hace al alma, y tanta inspiración me provee, me hace adherir a aquella cita que dicen es de Niestzche, que la vida sin música sería un error.

Por eso me gustaría compartir una serie de mis artistas favoritos. Por si a alguien le copan también. Todo empezó cuando aquel blogger y visitante de mi blog, Roedor, me recomendó varios tipo "The Clientele". Agarré la punta del ovillo y aquí está mi colección Deluxe Top Max Hop Pep Hip:

Ane Brun
Hanne Hukkelberg
Sinta Nordenstram
Thomas Dybdahl
Jens Lekman
The Whitest Boy Alive
Erlend Oye
Kings of Convenience
Sondre Lerche
Keren Ann
Alexi Murdoch
Ed Harcourt
Nick Drake
PJ Harvey
Estelle
Imogen Heap
José González
Benjamin Biolay
Nouvelle Vague
John Martyn
Emilia Torrini
Feist
The Radio Department
Cat Power
Phoenix
Teitur
Gorky's Zygotic Mynci

Qué raro. Yo pensé que mi blog iba a ser basicamente una descarga neurótica y se podría decir con bastante propiedad que es de música. Lo bueno es que para mí tiene sentido, ya que cada canción que posteé, cada alusión que hice, cada cita, cada nota, estaba en perfecta consonancia con aquella cosa que no podía expresar acabadamente. Como me sucede tan a menudo. Y como dice ese www.astro.com que se me ha dado por visitar, y que describe la dificultad (o al menos la sensación) de comunicarse de los de mi signo, ascendiente, etc.

martes, 8 de abril de 2008

Libre de las Limitaciones que Impone el medio

Heurística
De Wikipedia, la enciclopedia libre

Se denomina heurística a la capacidad de un sistema para realizar de forma inmediata innovaciones positivas para sus fines. La capacidad heurística es un rasgo característico de los humanos, desde cuyo punto de vista puede describirse como el arte y la ciencia del descubrimiento y de la invención o de resolver problemas mediante la creatividad y el pensamiento lateral o pensamiento divergente.

La etimología de heurística es la misma que la de la palabra eureka, cuya exclamación se atribuye a Arquímedes en un episodio tan famoso como apócrifo. La palabra heurística aparece en más de una categoría gramatical. Cuando se usa como sustantivo, identifica el arte o la ciencia del descubrimiento, una disciplina susceptible de ser investigada formalmente. Cuando aparece como adjetivo, se refiere a cosas más concretas, como estrategias heurísticas, reglas heurísticas o silogismos y conclusiones heurísticas. Claro está que estos dos usos están íntimamente relacionados ya que la heurística usualmente propone estrategias heurísticas que guían el descubrimiento.

La popularización del concepto se debe al matemático George Pólya, con su libro Cómo resolverlo (How to solve it). Habiendo estudiado tantas pruebas matemáticas desde su juventud, quería saber cómo los matemáticos llegan a ellas. El libro contiene la clase de recetas heurísticas que trataba de enseñar a sus alumnos de matemáticas. Cuatro ejemplos extraídos de él ilustran el concepto mejor que ninguna definición:

Si no consigues entender un problema, dibuja un esquema.
Si no encuentras la solución, haz como si ya la tuvieras y mira qué puedes deducir de ella (razonando hacia atrás).
Si el problema es abstracto, prueba a examinar un ejemplo concreto.
Intenta abordar primero un problema más general (es la “paradoja del inventor”: el propósito más ambicioso es el que tiene más posibilidades de éxito).

[...]

En psicología la heurística se relaciona con la creatividad y se ha propuesto que sea aquella regla sencilla y eficiente para orientar la toma de decisiones y para explicar en un plano práctico cómo las personas llegan a un juicio o solucionan un problema. Usualmente una heurística opera cuando un problema es complejo o el problema trae información incompleta. En general, una heurística puede considerarse como un atajo a los procesos mentales activos y, por lo tanto, es una medida que ahorra o conserva recursos mentales. Las heurísticas funcionan efectivamente en la mayoría de las circunstancias, sin embargo, también pueden conducir a errores sistemáticos en la toma de decisiones o el desarrollo de juicios. La ideación de soluciones heurísticas frecuentemente arranca de un razonamiento por analogía.

Un ejemplo de un atajo mental es el uso de un estereotipo. Cuando se juzga a un individuo basándose en la descripción estereotípica de un grupo al cual pertenece, el uso del estereotipo puede resultar en un error, ya que el individuo puede ser poco representativo del estereotipo.


Otras acepciones: Una teoría científica tiene un alto valor heurístico si es capaz de generar nuevas ideas o inducir nuevas invenciones. Para ello, sin ser irrelevante, no es imprescindible que la teoría sea cierta.

Parafraseando a Sartre; merced a su capacidad heurística, pese a las predeterminaciones genéticas y otros condicionamientos, es probable que el ser humano (valga la aparente paradoja de la frase) esté condenado a ser libre de las limitaciones que el medio le impone.