"¿Cree usted que si lo pudiera decir con unas cuantas palabras, me tomaría el enorme y brutal trabajo de bailarlo?" (Isadora Duncan)
Mostrando las entradas con la etiqueta Las Estaciones. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Las Estaciones. Mostrar todas las entradas

jueves, 21 de marzo de 2013

A ver si ahora me animo

Qué notable, diría Bela, mi abuela materna, cuyas sábanas de saten rosa viejo bordadas con sus iniciales, reposan sobre la mesada de mi cocina, esperando mi decisión irrevocable sobre su futuro.

Me echaron de mi trabajo — bastante provocado por mí, debido a que ya estoy grande y no me banco que un pendejo nuevo rico y pretensioso y psicópata me maltrate. Arreglé unos mangos — sólo aquellos con los cuales mi conciencia esta perfectamente en paz, y ahora entonces qué hago. Pues bien, después de pintar mi casa, plastificar el parquet que se levantó por enésima vez al lado de la ventana que va al patio, después de estar casi terminando con chequero medico general, pues hoy, día 21 de marzo, día en que comienza el otoño, día que mi madre cumplía años (hoy habría cumplido 78 si no se hubiera muerto cuando todavía era demasiado joven), pues hoy, inopinadamente hice o estoy haciendo algo que debí hacer hace mucho.

Y eso es encarar sin miedo mostrar mi producción de esculturas al éter y ver què pasa. No sea cosa que la mala suerte se transforme en buena suerte y suceda lo que siempre temí que me pasara. Porque no sabría como manejarlo. Los idus de marzo me sean esquivos. El cosmos siempre me sorprende. Que la suerte venga a mí! Creo poder sobrellevarla. Al menos un poquito.



miércoles, 4 de mayo de 2011

Todo culpa de la bergère

Esta mañana cuando me levanté salí a ver el termómetro, porque sé que los medios, con esa manía argentina de manipular la realidad, siempre agregan dos grados en el verano y sacan otros dos en el invierno a la temperatura verdadera. Al abrir la ventana empujé con el trasero una 'bergère' que ahora tengo en mi casa que era de mi madre, antes de mi abuela, y no se si de alguna otra generación. El ruido que las patas robustas hicieron al arrastrarse por el piso de madera me llevó inmediatamente desde ese estado de semi-vigilia a la casa de mi abuela paterna, Máma. Cuando yo tenía poco más de una década, iba los domingos a dormir a su casa. Cuando me acostaba, en un cuarto para mí sola, en un barrio más ruidoso que el mío - o al menos con ruidos distintos, como los autos bajando por la barranca, y la ausencia de pisos crujientes, me costaba mucho dormirme, así que no me gustaba tanto ir. Además en el desayuno, prolijamente preparado eso sí, había café instantáneo aunque hubiera manteca. Y a mi me gusta el café de filtro, bien fuerte, ya desde entonces. Pero lo que sí recordé esta mañana fría de otoño porteño, fueron los olores de esa casa. El olor a cera de los pisos. El olor a los buñuelos de seso y de consomé. El olor de los radiadores detrás de las protecciones de madera. El jabón de tocador de La Franco-Inglesa. El aroma embriagador de felicidad de 'L'Air Du Temps'.

Indisolublemente unidos al recuerdo de los olores está el grabado en mi cerebro la colección de pastilleros que posaban estoicos sobre la repisa a la entrada del living. Los había de cerámica y de metal con esmaltes de muchos colores. Muchos eran color turquesa, igual que los perros chinos que hoy me encantaría tener en mi propio living. Otros tenían florcitas rococó. Estaban los redondos, los ovalados, los cuadrados y los rectangulares (o con forma de prisma debería decir) Pero todos en la tapa tenían motivos diferentes. Unos eran tallados, otros repujados y otros pintados. ¡Y todos se podían tocar!

La colección de pastilleros podría ser una metáfora de abuela: extremadamente refinada, con ese refinamiento que se hacía más glorioso por su falta de pretensión, de pose. Y por su firme modestia.

lunes, 2 de mayo de 2011

Slipstream

Además del sueño recurrente del que me despierto afiebrada porque tengo la boca ahíta de alfileres con las puntas hacia afuera, sufro de otro que es aventurarme por calles desconocidas y perderme aunque todo me resulte familiar. A veces tienen total sentido estos sueños. Estos últimos días, sobre todo el segundo. Me pasan demasiadas cosas que me es imposible procesar. Quiero y no puedo acomodarlas en mi mente, entenderlas y obrar en consecuencia y con orden, lógica y sensatez.

En esta breve temporada me visitó mi caballero andante. Su armadura es flexible pero huele bien, su espada me traspasa, sus palabras me serenan. Su abrazo me da paz y amor. Todavía no me decido si soy muy cobarde o muy sensata.

Pero entonces me decido por no hacerme caso y fluir. Y ver qué me depara el destino, sin querer que éste se ajuste a lo que yo quiera.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Solsticio de Diciembre en el Hemisferio Sur

La proximidad del solsticio de verano no me sienta muy bien. Seguro porque el sol gira como un loco sin ponerse en el polo sur. Mejor dicho: me sentaría mucho mejor si no estuviera yo donde casi siempre me encuentra, sin poder hacer mucho por evitarlo. Este año voy a variar un poco (seguir variando) mis costumbres. Mi intento de tomarme las cosas con más calma y que todo me resbale más ha mostrado pequeños pero alegres frutos. Ahora el año termina y ha sido arduo pero con algunos frutos más o menos notables y puedo relajarme al menos mentalmente y hacer la plancha, al menos mentalmente.


Que es lo que pienso hacer a partir de ahora mismo.

martes, 26 de octubre de 2010

Moviendo el Carro

Floreció el lapacho rosado de Elizalde (¿era Elizade?), subieron dos centígrados y los hombres surgieron de su letargo como hongos después de la lluvia. Pero las mujeres, o al menos yo, también estamos diferentes. Dos grados más y me cuesta levantarme y me siento perezosa aunque tengo ganas de arrojarme irracionalmente a nuevas aventuras. Como dice Mixmi, he estado agazapada, pero de repente ¡zas!

Ayer, después de otro día anodino en la oficina, me calcé el deportivo y me fui al Rosedal. No me sorprendió tanto, pero había mares de gente. Hasta un idiota que decidió que el medio del circuito es de su propiedad y de las cuatro veces que lo crucé, dos casi me atropella. Hoy voy a ir de nuevo y si puedo le hago una zancadilla.

Cualquier cosa con tal de no llamarlo al francés.

lunes, 19 de julio de 2010

Llueve

Desde la última vez que fui a Londres en invierno, me cambió la percepción. Entendí que la lluvia es necesaria, que no tiene por que ser mala.
Además me tranquiliza naturalmente.
Me pone más reflexiva.
Me suaviza el carácter.
Me hace hablar en voz más baja.
Y más grave.
Me enojo menos.
Además estoy más lucida y con ganas de trabajar.
Además le hace bien al campo y promete buenas cosechas.
Me gusta la luz que traen los cielos grises.
Me inspira. De un modo indeterminado y no focal.
En definitiva, me hace bien.

viernes, 5 de marzo de 2010

É pau, é pedra, é o fim do caminho. É um resto de toco, é um pouco sozinho ...

Deben de tener algo de cierto las insinuaciones de mi antiguo shrink sobre ciertas inclinaciones extremistas.

En los idus de marzo, me siento aprensiva sin saber muy bien debido a qué, como me imagino que hubo de sentirse Julio César.

martes, 2 de febrero de 2010

Alto Verano -- otra vez

Esta temporada del año para mí es siempre un poco rara. Recién vuelvo de vacaciones, durante las cuales se supone que uno descansa y se diverte. Lo segundo no siempre. Y debería forzar la descripción para calificar mi corto veraneo de divertido. Eso sí, descansé. Un poco

Pero volver a la gran urbe, que el ritmo sea lento, tedioso y pegajoso no me ayuda a encarar el año. Además es muy temprano para encararlo con bríos. No me dieron ganas aún de hacer mi listita de "dos and don'ts", ni tan siquiera.

Durante esta luna más se me da, a fuerza de sentirme aburrida y ansiosa, hacer macanas. Por ejemplo pasar revista de mis antiguos flings. Hoy almorcé con Alito grande. Alito es un muchachote tano y vehemente con quien somos amigos desde hace casi una docena de años. Tuvimos privilegios pero hace años nos respetamos -- demasiado. Estaba tan buenmozo con su pelo algo largo y peinado para atrás... Mantuvimos un almuerzo interesante, intenso, donde no nos dijimos nada de lo que pensabamos, en aras de la civilidad.

Lo bueno es que me subió un poco la bilirrubina y por ahí me entusiasmo y me pongo un poco a tono a ver si encuentro un huesito o más bien un fémur que me mantenga entretenida por tiempo indeterminado.

martes, 29 de diciembre de 2009

Me tomo el buque

Lo primero que voy a hacer en cuanto llegue y en cuanto sea una hora decente, será tomarme una caipiroska mirando al mar, pies hundidos en la arena. Olvidaré todas mis penas, pensaré en los que estan lejos y quiero y me divertiré con mis concubinos hasta pasada la primera quincena del año nuevo.

Me alejaré por un rato largo de este, mi favorito y tumultuoso mundo virtual. Voy a abocarme, por un rato, al mundo de los vivos. Flores de vivos, eso sí.

Cuando vuelva, prometo haber concluido mi temporada acongojada y volver con -si no nuevos brios, el propósito de reanudar escribir aquí.

Cariños, Cacho.

sábado, 14 de marzo de 2009

Hoy tiré viejas hojas/de esas que hablaban del pasado....

Ayer fuimos una vez más a la casa de nuestra madre. El objetivo buscar documentos y avanzar en empezar a vaciar la casa. Todo transcurrió fluidamente hasta que me topé con el cajón del material de traducción. Era una traductora pública y había trabajado en grandes empresas, casi todas industrias bastante pesadas y duras, desde dragado de puertos, hasta centrales nucleares, pasando por un mundial, varios estudios de abogados, lineas aéreas, agencias de noticias internacinonales...

Me tomó por sorpresa encontrar, en la pila de glosarios, un cuaderno con notas manuscritas. Toparme con su caligrafía alta, algo apretada, un poco torneada, orgullosa y esmerada, fue como si me hubiese caido un meteorito en la cabeza. Quizá asociaba a mi madre a la traductora, por sobre todos sus otros roles de madre, esposa, amiga (de los demas), persona sociable, etc. etc.

Creo que la definió su manera de entregarse a su vida con pasión y sentido de la tragedia abrevadas en su amado Wagner y sus obras. Muchas veces pienso que era una persona que difícilmente se la pudiese considerar indiferente. Se arrojaba con pasión a las cosas que encaraba. A su trabajo, a la risa, a cuidar a su marido enfermo y convalesciente como si fuera una heroína de las peliculas del año 5O - como esas enfermeras que curaban a los soldados de guerra con un sentido muy romántico del amor y del dolor. Creo que la definió su honestidad. Brutal. Radical. Extrema.

martes, 13 de enero de 2009

Atolladero

No sé para dónde encarar.

A dónde me iré.

Qué haré.

Dónde lo haré

Linda forma de empezar un año.

Aunque el año la verdad es una convención a estos efectos totalmente irrelevante. Entre el 30 de diciembre hoy, la única diferencia es que ya estuve en las montañas, en el mar, que trabajo poco y duermo poco también (mi vecina continua con su vertedero), se me volvió a abombar el piso, y todo el mundo (eso sí) está de vacaciones.

miércoles, 29 de octubre de 2008

Sin Whisky (que no tomo) (aún), ni faso.

El Solitario de Perelandra, comentador inopinado y reciente, bien supo provocar mi pluma (o mi teclado, lo que es lo mismo) pidiéndome que hable de mi abuela.

Mi abuela paterna fue fascinante y entrañable en partes iguales. Era una mujer de estatura justa. Justa para escaparle a aquello de petisa. No era muy alta, no. No sé si era especialmente bella, aunque decididamente era más bella que fea. Tenía unos ojos amarillos y unas piernas macetonas. Era más bien culona y tenía una nariz y labios finitos, todo lo cual heredé. Era una especie de maga que transformaba todo lo que había a su paso. En la famosa estancia que ocupa el lugar de mi parnaso ideal, había frutales, árboles añosos y nobles, una huerta alguna vez, un matorral de boisamberris como les decíamos de chicos. Alguna vez hubo ruibarbo. Ella todos los fines de verano recolectaba en una canasta de mimbre los higos, ciruelas, manzanas, caquis que tanto le gustaban y hacía mermeladas y conservas. Durante horas hervía frutas y azúcares en grandes ollas de puchero en un pequeño office que quedaba en un paso de atrás adelante de la insigne casa con forma de 'U'. Además en el jardín que quedaba en el centro de la 'U' hay un aljibe de mármol blanco, y hierro forjado, con un balde lleno de tacos de reina con cuyas hojas a veces hacía un mojito de mayonesa para ponerle a las tostadas que luego se tomaban 'los grandes' con los copetines. A mi abuela le encantaba el Gancia. Era una mujer que disfrutaba mucho de las cosas aunque era también bastante medida, sobria. Cuando llegaba la temporada señalada se la veía temprano o a la hora del ocaso dando vueltas alrededor de sus rosas. Las podaba, injertaba, fumigaba (con su delantal, sus guantes de cuero, su sombrerito y su calzado ad-hoc). Era algo que se tomaba con mucha seriedad. Y pronto después su vergel compensaba sus cuidados con unas rosas tan lindas como nunca más vi en mi vida. Decían de ella que tenía hormigas en el culo. Y la verdad es que raramente estaba ociosa, a menos que el ocio implicara sentarse con sus queridos a oírlos, hablarles… Derrochaba amor y cariños, aunque también hacía sus brutales diferencias. Creo que conmigo por ser la hija mayor de su hijo mayor tenía una debilidad mal disimulada. Yo francamente la adoraba. Pero sus 30 y pico de nietos la adoraban por igual. Otro recuerdo imborrable de mi abuela era verla andar en bicicleta a la edad que muchas mujeres están muertas, y cuando me pasaba a buscar en su Fitito celeste que, para mí, entonces, era el colmo del glamour.

Antes de que mi abuela viviera en esta famosa casa, su madre, la antigua bisabuela regia, y sus muchos hijos habían vivido y veraneado allí durante muy largo tiempo. Recuerdo que en el cuarto del medio estaba Tío L y su mujer I. Me encantaba verlo al tío L sentado en las sillas de playa que ahora les dicen de director, a la sombra de una Santa Rita ofensivamente fucsia. En el cuarto de la punta, moraba el tío H, con sus camisolas, patines de cuatro ruedas, y amigos actores que para nosotros entonces algo eran extravagantes aunque definitivamente excitantes. Quizá de los hermanos de mi abuela sobresalía la tía MariaK, creo que su única hermana mujer, con quien se complementaban súper bien. Era esta tía muy alegre, le encantaba divertirse, disfrazarse, organizar fiestas, poner mesas con todos los objetos bellos posibles, y siempre alentándonos a disfrutar de las cosas 'mientras haya'. Muchos veranos me mandaban a su casa en un campo vecino, con el pretexto de que estudiara historia con mi prima su nieta de mi edad, yo vaga y ella medio tronca. Mi abuela tenía en común con sus hermanos una cierta facilidad y felicidad de vivir, en un sentido que hoy para mí es casi extraño. Cuesta encontrar gente que viva tan bien, tan en armonía con todo, en una vida tan luminosa, llena de color, perfumes, sensaciones agradables. Mi abuela solía decir -como en un oscuro e insensato presagio- que tenía miedo de ser tan feliz.

Los veranos eran virtualmente eternos (mi padre nos pasaba a buscar por el colegio el último día de clases, con los uniformes puestos, y nos cambiábamos en el auto camino al campo) donde pasábamos de un campo al de al lado visitando parientes y más parientes. Volvíamos a la civilización, al colegio y a la ciudad prácticamente salvajes, pero habiendo vivido una vida soñada. Fui muy afortunada de haber tenido una infancia así.

Otro lujo privado que teníamos ella y yo eran los domingos en que me iba a dormir a su casa en Buenos Aires, no sé bien el motivo más allá de que a ella le gustaría mi compañía, pero en teoría era porque me quedaba cerca del colegio. Disfrutaba despertarme e ir a desayunar el café instantáneo que en principio, odiaba. Hasta eso provocaba ella.

Hasta aquí todos recuerdos gozosos.

Como la vida es tan rara, unos lustros más tarde todo cambió. Los detalles no los quiero recordar. Mi abuela pareció decir adiós mentalmente, y desconectarse ipso facto, y murió hace poco, después de muchos, muchos años de convalecer de parkinson, demencia senil y otras porquerías.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Cósmica

Ojalá que las fuerzas del cosmos, y su orden y belleza, se conjuren a través de la primavera y transportándose por los rayos del sol entren por esa ventana desde donde se ve el cielo, y le procuren salud, fortaleza y felicidad a todas esas personas que se balancean en el frágil hilo que divide la vida y tu opuesto.

lunes, 7 de abril de 2008

Aries en Abril

Siento mi capacidad heurística apagada, paralizada, aburrida, confundida, desmotivada.

viernes, 7 de marzo de 2008

Fall II

Cuando llega el otoño (y claramente llegó hace una semana) mi ánimo se aplaca y me dan ganas de hacer fuego con las hojas caídas -las virtuales. Es un tiempo propicio para un cierto renacer.

miércoles, 5 de marzo de 2008

Fall

Hoy es un día como para quedarse en casa, leer, ordenar viejas hojas, de ésas que hablaban del pasado (¿quién era que cantaba?), pensar, ver caer la lluvia, las gotas (¡de las naturales!) y escucharlo.

domingo, 2 de marzo de 2008

A Mí La Lluvia II


A mí la lluvia no sé qué me genera. Pero me parece que, a pesar mío, me pone bien.

Vengo del cine con mi hermana y mi sobrina de 13, de ver una de amor y romance (¡¡hace cuánto que no veía una así!!)Las tres lloramos a gusto sin codazos ni pañuelos, secándonos los mocos con las mangas o simplemente dejando caer las lágrimas por dondequiera que eligiesen correr. Tomamos el té y a poco los niños fueron enviados a preparar las cosas para el primer día de clases de mañana y yo me volví.

Me habían dicho que sobre River caía una lluvia torrencial y pensé: Vaya, a la venida también llovía como si se acabara el mundo sobre el Monumental y aladaños. Llegué a mi casa sana y salva y satisfecha después de haber llevado a cabo las siguientes acciones:

-Manejar por 'Tránsito Pesado' en General Paz, y al llegar a Lugones encontrar un vado profundo, respirar hodo, rebajar, acelerar y literalmente surfearlo, haciendo sendas olas laterales más altas que mi auto, sin que se me ahogase el auto, ni se me frenase, ni sufriese ninguna consecuencia adversa (gracias mamá por haberme enseñado trucos tuerca);
-Manejar toda la extensión de la Lugones desde Av. Gral Paz hasta Scalabrini Ortiz por la banquina derecha, sólo desviándome para sortear un camión celular de la Policía Federal ;
-Dejar el auto en el garage en Plaza Italia y caminar hacia Puente Pacífico, bajo el diluvio las diez o más cuadras que separan el garage de mi casa, disfrutando que se me empañasen los anteojos, tener que sacármelos y ver nublado, chapotear en los charcos como si fuera una niña, empaparme y disfrutarlo, llegar a mi casa y secarme y escribir esto ya calentita;
-También llegar a casa, descubrir que no anda el ascensor y que no me importe; y descubrir que no tengo internet y haber logrado sola conectarme a una red inalámbrica.

Jé.

viernes, 29 de febrero de 2008

Bisiesto

He tenido una (¿otra? ¿siempre tengo?) temporada agitada. Cambio de jefe, alta competencia por dar una buena primera impresión; una batalla sorda y fría con el exobjetodemiafecto; la percepción de su ira inocultable; un poco de paranoia por la muy chota actitud del jefe saliente (menos mal que se va) y bastante movimiento laboral en sí. Poco tiempo de esparcimiento, cabeza muy pasada de rosca, noches de insomnio, parquet levantado... y la nunca bien ponderada gotita que cae del piso 6°.

Encima nuestro anfitrión de Semana Santa en Córdoba nos desinvitó vía interpósita persona (yo me imagino que por una vuelta a una detox) así que ahora tenemos pasajes pero no alojamiento. Odiaría terminar en un hotel sindical en el valle de conchilla.

Tengo la esperanza de que cuando retome mis otras actividades -yoga y taller- volveré a encontrar mi centro, mi núcleo.

jueves, 31 de enero de 2008

Amo mi Casa


Hoy mi jefe (Manel) se fue por segundo día consecutivo a almorzar con otro de su palo y volvió con aliento a alcohol. Tenía un montón de cuestiones que despachar con él y me dijo "Puesh que hoy no tengo ganash". Qué fresco, pero que bueno, porque ahora que nuevamente me cambian de jefe, tengo la esperanza de que el proximo sea mejor en todo sentido. Seguro que sí.

Entonces, como se las tomó temprano -seguro fruto de la cerveza, Rutini, y whisky más la copiosa ingestión, y le dio sueño y fiaca- tres minutos más tarde, hice lo propio.

Salí como preso de la cárcel, y llegué a mi casa a una hora inusual: el sol todavía no se había puesto, y como esta mañana salí apurada y dejé todo abierto, febo se mezclaba entre las hojas de los platanus occidentalis o sicomoros americanos que resguardan mi balcón, proyectando en mi dulce hogar una luz verde que, combinada con el arrullo de las palomas y de un jilguero rezagado que todavía busca pareja aún a pesar de lo demasiado avanzado del verano, me trae bellos recuerdos y me hace inspirar y soñar.

jueves, 17 de enero de 2008

Bien Plantada



Qué tendrán los pies que son capaces de tanta evocación. Me bastan para recordar tantas cosas: las caminatas por la playa, el sol sobre la piel, la libertad de las ojotas, los tragos relajantes, las risas, la sal, los ungüentos solares, la arena, las piedritas, las estrellas, la brisa marina, el chirrido de las gaviotas, los grillos y las ranas en las zanjas, la estrella fugaz, los amaneceres sobre el mar, las puestas de sol sobre el mar, el faro que vigila el lento pueblo en vías de dejar de serlo, los sueños de evasión a un pueblo lento, las conversaciones con los habitantes del pueblo lento, la relajación, el olor a mar y a pescado, el olor a albahaca y a rúcula y a radicchio y a chipirones, al lino blanco asoleado, los tamarindos y otras yerbas. Las conversaciones serenas e inteligentes...

Sólo queda proyectar la próxima vez.