"¿Cree usted que si lo pudiera decir con unas cuantas palabras, me tomaría el enorme y brutal trabajo de bailarlo?" (Isadora Duncan)
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sábado, 9 de enero de 2016
Envuelta en fuego
¿Que qué me pasa
por la cabeza? Me pasan tantas cosas que podría decir que no sé por dónde
empezar. Pero son básicamente dos cosas: Como Serrat, Un día de estos he de
plantearme/muy seriamente dejar de fumar/con esa tos que me entra al
levantarme. Para esto fui a ver por tercera vez, que espero sea la vencida, a
mi admirado Dr. Bergman. Es cardiólogo, trabaja con adicciones, pero la verdad
es que el tratamiento para dejar de fumar es totalmente secundario a las
charlas que con él puedo tener.
Me pregunta que
cómo estoy, que cómo me fue esta semana y le digo que me parece que fumé más,
que estoy ansiosa y fastidiada. Me pregunta cuántos fumo durante el trabajo y
le digo que si acaso uno. Que fumo uno antes de irme a trabajar y a la noche
cinco o seis. Sobre todo que ahora me cuesta más irme a dormir porque me cuesta
conciliar el sueño.
Me propone fumar
máximo 5 por día y fumar al aire libre, no adentro de mi casa. Si acaso en el
balcón. Acato y seguimos con los temas importantes. Hablamos de los padres, de
la escritura, del proceso creativo, de las motivaciones para la creatividad, de
lo que hace feliz a la gente. Me habla de la conferencia de Ted Robinson sobre
‘El Elemento’, aquel lugar donde la aptitud y el deseo se encuentran. Me habla
de Elisabeth Kubler-Ross y las etapas de la aceptación (de la muerte) que muy
bien se adecuan al duelo de dejar a ese amigo que es el cigarrillo. Ese que te
acompaña y siempre asiente. No te cuestiona, ni te critica ni te recuerda lo
que deberías ser. No te señala que no diste todo lo que pudiste, y así.
Divorciarse del cigarrillo es difícil. Aunque ya lo conseguí dos veces espero
que esta sea la vencida. No quiero terminar como mis tías viejas, cuyos vicios
y excesos les marcaron la cara, el cuerpo y en definitiva, la vida. No quiero
caer desplomada en el medio del parque y en el medio de un juego de croquet
como mi tía María Clara. No quiero tener el cutis gris como lo tenía mi tía
Rosa. Y así siguiendo. Pero a veces pienso que es casi inevitable no ya
transformarnos en nuestros padres, sino que además terminamos pareciéndonos
también a nuestros tíos, sobre todo si fueron siempre muy cercanos durante toda
la vida.
Todas las cosas
que me dice Bergman apelan a un sitio muy sensible en el cerebro, a ese sitio
donde casi nadie nunca llega. No sé cuál es pero es mi talón de Aquiles, el
botón de reset, ese que ni yo misma
sé dónde está y por lo tanto no puedo usar cuando querría. Me persuade de una
manera que voy casi como una autómata a perseguir mi objetivo, que siempre
pienso que tengo una intención imperfecta, pero no obstante me expongo a la
posibilidad de que funcione mi propósito de dejar de fumar. Dos veces ya
funcionó, repito. Hablamos de la culpa judeocristiana, hablamos sobre cómo
talló nuestras personalidades y cómo podemos hacerla actuar a nuestro favor.
Me dijo que
tengo una cualidad que es buena. Que es que en algún punto me río de mí misma.
Le digo que en eso me parezco a mi mamá, o al menos de ella lo aprendí, quizás
por ósmosis. Cuando las cosas no tienen remedio, y me doy cuenta de que no hay
nada que pueda hacer, después que ya probé todo, entonces y sólo entonces, y
ante el agotamiento de los recursos, que nunca son pocos, entonces vomito una
carcajada, aunque un poco desesperada. Después las endorfinas harán el resto.
Cuando me
propuso otro ejercicio, “ya que te gusta escribir”, pero, a la sola mención del
título, se me hizo un nudo en la garganta. Me dijo que me imaginara que es mi
cumpleaños número 80 y que tres personas reales o imaginarias me escriben una
carta. O que cuál podría ser mi epitafio. Si yo lo pudiera elegir, mi epitafio
sería: “Su dolor se disolvía en una estentórea carcajada”.
Otro ejercicio
que me propuso fue que escribiera las cartas que me gustaría que me escribieran
si llego a los 80, que a este paso es difícil. Me gustaría recibirlas de Ian,
de Rocío y quizás de mi amiga Martita, o Laura P., que yo creo que son quienes
me conocen más acabadamente; y eso que soy muy complicada.
Me dijo como si
fuera obvio que tengo poca autoestima. Yo coincido en que es la fuente de todos
mis males y le cuento cómo cuando era niña, en mi tribu, era un pecado capital
ser ‘pillada’, o sea presumida, presuntuosa, orgullosa. Cualquier brote diferente
a la humildad más franciscana era pisoteado como una cucaracha, antes de que
exhalara la primera molécula de aire.
Bergman es
cardiólogo pero, me dijo, igual que yo, también en algún punto estudió medicina
por mandato familiar. Si bien a mí me dieron mi bendición para estudiar Bellas
Artes, ya que era más o menos obvio que era mi camino -al menos en ese momento-
pero, claro, tuve muy muchos mandatos, otros. Me sigue diciendo que en realidad
a él le habría gustado ser músico o actor, y que en su otra actividad, que es
lidiar con las adicciones, siente que tiene un outlet para esas aficiones. No
estoy muy segura de cuán alineada está la docencia con la actuación o la
música. Según Lole, mi colega del trabajo, está lleno de médicos que tocan
algún instrumento.
En cualquier
cosa creo que esto de dejar de fumar me va a provocar una huida hacia adelante
en la forma de escribir. Porque qué voy a hacer con el ansia, la ansiedad, la
desesperación, el malhumor, y todos esos sentimientos cotidianos con los que
vivo? Si sirve para tenerme escribiendo seguido, pero lo que se dice seguido,
pues entonces la escritura bien vale largar el pucho.
Como propósito
para este año nuevo me he fijado sólo dos objetivos: dejar de fumar y escribir.
Empecé bien, porque a día 7 de enero ya hace dos semanas que empecé el
tratamiento para dejar de fumar y varias semanas de haber retomado el taller.
El otro día tuve una epifanía semi vigil en la que me di cuenta que esto es lo
que tengo que hacer. Escribir. No importa si es aburrido. No importa si es
monotemático. No importa si es self-centered. Por algún lado hay que empezar.
Hay que adquirir el hábito. Hay que necesitarlo como el aire. Hay que desoír
las voces del desánimo propias y ajenas. Hay que pasar por sobre encima de todo.
Ayer me sentía una bola de fuego impulsada por un tornado. Me sentía fuerte y
de buen humor. Seguro que en parte debido a una de las acciones colaterales de
la droga: ‘sensación inusual de bienestar’. Esa fue mi motivación secreta
principal para dejar de fumar: que me dieran esa droga con tan deseable efecto
colateral. Encima when it kicks in,
provoca la deshabituación del tabaco. De hecho cuando B. me preguntó si notaba
algún cambio, aunque yo le contesté que creía que no, me preguntó si por
casualidad no encontraba difícil terminar los cigarrillos. Y le dije que sí!!!
Qué bueno!! entonces está empezando a hacer efecto.
Como las otras
dos veces anteriores, seguro me va a hacer poner fecha para el día señalado en
el que voy a dejar de fumar definitivamente. Hablando de vicios, culpas,
religiones y símbolos, cada vez elegí fechas señaladas, que me hablaran.
El fin de
semana, cuando eskypeé con Ian, después de haber hablado sobre las
celebraciones de Hogmanay, desembocamos en el tema pucho. Es un santo. La
verdad es que no puedo creer que le puedo fumar en la cara y ni pestañea. Así
como es de fóbico con casi todos los seres de la existencia, a mi me banca
todo. Casi demasiado. A veces me da miedo de que me mande a la mierda. Si yo
fuera él ya me habría mandado a la mierda hace añares. Bueno, el asunto es que
cuando le dije que estaba buscando una fecha para dejar de fumar, pero tenía
que ser una fecha simbólica, me dijo que entonces tenía que ser el 25 de enero,
el día del héroe nacional escocés, Rabbie Burns. En esa noche, los hombres
celebran a las mujeres, entre otras cosas. Ian siempre me recita poemas de
Burns. Con acento escocés y todo. El efecto es demoledor. Pues bien. Entonces,
la semana que viene cuando lo vea al Dr. B., y me haga elegir una fecha, voy a
elegir el 25 de enero. Veremos cómo me va. Si lo consigo, me imagino que el
resto del año, como me merecería, podría fluir como un barco en una laguna,
como una mano sobre la seda, como una brisa en una mañana de verano. Todo esto
puede suceder.
Casi diría que
no puedo parar de escribir. Estoy esperando que me interrumpa mi jefe. Menos
mal que puedo escribir porque si no creo que agotaría a la gente a mi alrededor
con mi cháchara. Cambio y fuera. Me voy a ganar el pan. Digo las vacaciones.
Basta
—“Hola, hermosura”, la saludó el flaco.
—“Hola. Llegaste tarde, me hiciste esperar. Como siempre.”
—“Ay, Chuchú… ¡qué carácter! ¿Cómo estás?”, saludó sin más explicación, como siempre hacía.
—“Y, si te fijás te vas a dar cuenta. Estoy shockeada, alterada y preocupada. Mi jefe está prófugo. Me vengo a desayunar que lo acusan de negocios turbios”. dijo ella no sin cierta acidez.
—“Ah. ¿Y eso es bueno o es malo? “le preguntó él, tratando de minimizar.
—“La verdad no sé mucho. Me estoy desayunando de todo esto. No tenía ni la más remota idea de que esto hubiera sucedido. No me tomó del todo por sorpresa porque este negocio no me lo imaginé nunca limpio. Qué sorpresas que tiene la vida. Toda mi carrera trabajando en empresas serias, re serias, y, a esta altura, esto. No lo puedo creer.”
—“Pero bueno, no te preocupes, no es tu problema”, argumentó él, intentando sin vano suavizar.
—“Claro que es mi problema. Por supuesto que es mi problema. Para empezar me pueden llamar a declarar, me puede apuntar el fiscal, me pueden someter a un interrogatorio y para seguir, me podría quedar sin trabajo. Mi trabajo es todo para mi. No ves que es lo que me garantiza la independencia? Lo único que me importa es la libertad. Toda la vida trabajé para vivir así. Esto amenaza toda mi vida. Es terrible. Estoy trastornada. Muy trastornada. Al borde del pánico.”
—“¡Bueeeno, Chuchú…! ¡Pero no pasa nada! Qué va a pasar? Como mucho te tendrás que bajar un poco del caballo. Y tendrás que viajar menos o no viajar. Igual viajar es el consuelo de los mediocres”.
Ella se levantó poseída por una ira incontenible y le dijo sin más mientras se dirigía a la puerta y la abría, todo en un solo impulso.
—“¡Te vas!”, vociferó ella. “¡Te vas ya mismo!.¡¡ YA MISMO!!”
Y él se fue, sólo algo confundido, convencido de que pasaría mucho tiempo hasta que se le pasara el berrinche. Como siempre.
***
27 de octubre
—“¿Me invitás a comer a tu casa?” irrumpió él después de tiempo más o menos largo de proscripción. Aunque quizás, pensó ella, ni se había dado cuenta.
—“Ya comí” le contestó ella secamente, mal disimulando su fastidio acumulado.
—“Entonces invitame a dormir” redobló la apuesta él.
—“No, porque estoy tengo insomnio y estoy tratando de conciliar el sueño. Y vos no me dejas dormir”
—“No podés dormir porque no me querés invitar a dormir” Insistió él, quizás ignorando el hilo de la conversación.
—“No te quiero volver a ver, ni a oír, ni a leer. Nada. No te entiendo. No puedo establecer una conexión con vos. No entiendo lo que hablás y mucho menos lo que hacés. Te pido por favor que no me contactes más. Ya te lo dije mil veces. Queremos cosas distintas. Y sobre todo yo no estoy segura de qué es lo que vos querés de mi. Es más, me intuyo que es algo que a mí me revienta.”, y cortó. Pero alcanzó a escuchar.
—“¡¡Sos diosa, mi Chuchúuu!!”
***
14 de diciembre
—“Hola. Me salió un tumor en el páncreas. El jueves me hacen una resonancia. Luego punción u operación para saber si es bueno o malo. Estoy viviendo en el tigre con Carla Farra. Ayer fuimos a andar en kayak y nos bañamos en el río” Todo en la misma oración y sin respirar, le descargó él, sin ningún signo de apasionamiento.
—“¿¡Qué?!, se alarmó ella. Pero, a ver, vayamos por partes: ¿como te diste cuenta? ¿Desde cuándo lo tenés? ¿Quién es Carina?
—“Carla, aclaró él.”
—“Bueno, es igual”, desestimó ella.
—“Estoy viviendo en el Tigre con ella. Es sicóloga, trabaja con cosas de energía, piedras, y esas cosas esotéricas. Es la que conocí hace tres años, justo antes de conocerte a vos. Nos reencontramos. Estoy enamorado. Pensé que nunca más me iba a volver a pasar. Es lindo lo que me pasó. La historia es larga pero el milagro ocurrió. Espero no morir muy pronto. Si no te jode, quiero que un día vengas, te va a encantar. Ella y el lugar. Además me encantaría que me acompañaras. Quiero que estés cerca, si te bancás. Tengo paz, estoy feliz y vos sos hermosa….”
Neura du jour: amores, desengaños, Ejercicios, Escribir!!, Hombres, just freaking do it, just write, La Libertad, Me Siento Bien
Asociaciones Insólitas
1.La luna redonda como una piedra de molino
2.El balcón verde como una casa en un árbol
3.El ruido irritante del tráfico como un fuego cruzado4.
El ruido implacable de las alarmas como ranas en una zanja después de la lluvia
5.La lluvia indiferente como un manto de lana fría
6.El ruido circular de los motores como un grito desesperado
7.El murmullo permanente de la gente como un taladro en el oído medio
8.El golpazo de la puerta de hierro como el disparo seco de una bala
9.El ruido disruptivo de los autos pasando como un chiflido de una bala rozando el oído
10.La aspiradora eficiente como un monstruo voraz
11.La aspiradora obediente como una manta raya, barriendo el fondo del mar
12.Las cortinas de voile moviéndose etéreas como la aurora boreal
13.Las picaduras inflamadas de mosquitos como cráteres a punto de abrirse
14.Su cara poceada como un campo recién arado
15.Su cabeza rala y tibia como el fondo de una laguna
16.Sus labios apretados herméticamente como una el caparazón de una ostra
17.Su mandíbula apretada como una prensa de encuadernar
18.Sus pelos inoportunos como clavos en el parquet
19.Su expresión de asco, repugnantes como las fauces del océano más profundo
20.Sus ojos azules como las galaxias
21.Sus ojos azules quietos como un atardecer en las montañas
22.Sus ojos azules ciegos como el fondo del mar
23.Sus ojos azules esquivos como la felicidad
24.Sus ojos verdes sorprendentes como la elación
25.Sus ojos azules calmos como la bondad
26.Sus ojos azules alegres como las piedras en la orilla del lago
27.Sus ojos azules fríos como el fuego de gas de red
28.Los ojos turquesas obcenos como los cenotes de Yucatán
29.El pelo partido al medio lustroso como pingüinos empetrolados
30.El pelo graso como la brea fresca
31.Su pelada prometedora como una bola de cristal
32.Su cabeza suave como un sweater de cashmere
33.Su cabeza suave y redonda como un ovillo de lana virgen
34.Su cabeza grande como mi amor
35.Su mente amenazante como un revólver descerrajado
36.Su consejo, vital como un salvavidas en el medio de un naufragio
37.Su cabeza como un osito de peluche
38.Su cabeza, repleta como un tesoro bucanero
39.Su mente imponente como una catedral románica
40.Su mente brillante como la cúpula dorada del New College
41.Sus rasgos cincelados como las calles de la Royal Mile
42.Su mirada bondadosa como las imágenes sagradas de las iglesias de pueblo
43.Su mirada compasiva como mi imaginación cuando está contenta
44.Su mirada azul como un meteorito
45.Sus ojos almendrados como la corteza de los alerces
46.Sus bigotes finos como la sombra de las nubes en la arena
47.Su adicción a la atención como la de un imán de neodimio
48.Su cuerpo tirante como un volcán a punto de explotar
49.Su torso ancho como el borde del Pampero
50.Sus manos sensibles como los brazos de un pulpo
2.El balcón verde como una casa en un árbol
3.El ruido irritante del tráfico como un fuego cruzado4.
El ruido implacable de las alarmas como ranas en una zanja después de la lluvia
5.La lluvia indiferente como un manto de lana fría
6.El ruido circular de los motores como un grito desesperado
7.El murmullo permanente de la gente como un taladro en el oído medio
8.El golpazo de la puerta de hierro como el disparo seco de una bala
9.El ruido disruptivo de los autos pasando como un chiflido de una bala rozando el oído
10.La aspiradora eficiente como un monstruo voraz
11.La aspiradora obediente como una manta raya, barriendo el fondo del mar
12.Las cortinas de voile moviéndose etéreas como la aurora boreal
13.Las picaduras inflamadas de mosquitos como cráteres a punto de abrirse
14.Su cara poceada como un campo recién arado
15.Su cabeza rala y tibia como el fondo de una laguna
16.Sus labios apretados herméticamente como una el caparazón de una ostra
17.Su mandíbula apretada como una prensa de encuadernar
18.Sus pelos inoportunos como clavos en el parquet
19.Su expresión de asco, repugnantes como las fauces del océano más profundo
20.Sus ojos azules como las galaxias
21.Sus ojos azules quietos como un atardecer en las montañas
22.Sus ojos azules ciegos como el fondo del mar
23.Sus ojos azules esquivos como la felicidad
24.Sus ojos verdes sorprendentes como la elación
25.Sus ojos azules calmos como la bondad
26.Sus ojos azules alegres como las piedras en la orilla del lago
27.Sus ojos azules fríos como el fuego de gas de red
28.Los ojos turquesas obcenos como los cenotes de Yucatán
29.El pelo partido al medio lustroso como pingüinos empetrolados
30.El pelo graso como la brea fresca
31.Su pelada prometedora como una bola de cristal
32.Su cabeza suave como un sweater de cashmere
33.Su cabeza suave y redonda como un ovillo de lana virgen
34.Su cabeza grande como mi amor
35.Su mente amenazante como un revólver descerrajado
36.Su consejo, vital como un salvavidas en el medio de un naufragio
37.Su cabeza como un osito de peluche
38.Su cabeza, repleta como un tesoro bucanero
39.Su mente imponente como una catedral románica
40.Su mente brillante como la cúpula dorada del New College
41.Sus rasgos cincelados como las calles de la Royal Mile
42.Su mirada bondadosa como las imágenes sagradas de las iglesias de pueblo
43.Su mirada compasiva como mi imaginación cuando está contenta
44.Su mirada azul como un meteorito
45.Sus ojos almendrados como la corteza de los alerces
46.Sus bigotes finos como la sombra de las nubes en la arena
47.Su adicción a la atención como la de un imán de neodimio
48.Su cuerpo tirante como un volcán a punto de explotar
49.Su torso ancho como el borde del Pampero
50.Sus manos sensibles como los brazos de un pulpo
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lunes, 24 de febrero de 2014
Yo nunca fui a Paris No se lo que es New York
Y no sé si solo yo o tu
Vivo confinada y lo odio
No llego al espejo porque está alto
Mil recuerdos me acompañan
Heridas, cicatrices, medallas y condecoraciones
Que me recuerdan cosas que quiero recordar
Pero jamás las que quiero olvidar
Esas están enterradas bien adentro
En un bunker hermético
Oscuro tieso y negro
Hasta que se desintegran
En penitencia, por haberse portado mal
Yo no tengo nada, o por lo menos lo ignoro
Aunque siempre tenga la música, las flores y los olores
Y los colores y el amor
La rutina la odio aunque a veces me haga bien
Lloraba mucho por emoción
Por pena o impotencia
Pero con los años lloro menos y tampoco es importante
Es gravísimo
Pero hay cosas que no cambian y a veces mejoran
Me gusta que me quieran
Me gusta cantar
A veces no me alcanza, y eso esta mal
Al dolor lo odio, por qué no me deja en paz.
No me alcanza el mundo para conocerlo
No me quiero morir sin verlo
Sin probar todo lo que haya
Conocer todo lo que encuentre
Disfrutar todo lo que puedan
Pero no se olviden de mi
viernes, 7 de febrero de 2014
High Fidelity
Dentro de los propósitos que me fijé -con bastante desgano- para este año que empezó, en el primer lugar estaba dejar de fumar, cosa que he logrado hacen dos meses y medio.
Otro, que se repetía en mi lista desde hace años, y al cual no le ponía demasiada atención hasta que se hizo lugar en los primeros puestos, era escribir. Escribir algo. Sin pretensiones, sin censuras. Sólo escribir, hacer caso de eso que me salía en todos los tests vocacionales de mi adolescencia, eso que se colaba en mi mente sin saber de dónde venía. Y que cada vez que lo hacía me parecía que no me salía nada mal. Es más, cuando escribía relatos de mis viajes o aquí mismo, alguna ponderación recibía.
Pues heme aquí, recién vuelta, por primera vez en mi vida, de un taller de escritura. Esta mañana, presa del pánico más animal y buscando la estúpida excusa del temporal, casi no voy. Pero al final conseguí forzarme a mí misma y volver victoriosa de una misión que me parecía horrible por lo difícil.
Esta fue mi primera contribución, siguiendo la consigna de escribir, como Nick Hornby, una lista de mis 5 (favoritos?) novios.
Y claro, la literatura al final es casi siempre sobre el amor.
Voilá:
El escocés. Una tarde oscura de
invierno, encerrada en el cuartito de la computadora, sintiendo que todo el
mundo estaba con alguien, ocupados, divertidos o no, me encontré surfeando la
internet. Era la prehistoria de la red. Apenas había aparecido. La conexión era
vía una línea de teléfono. Hacía ese ruidito que sonaba un poco a pito y un
poco a pájaro. Sólo que más electrónico. La paciencia era fundamental. Era un
ejercicio prácticamente inaudito. Pero el interés tiene pies. Así que, reprogramando la mente y el cuerpo, la mirada fija en el monitor, me aboqué a
completar los cientos de casilleros que me separaban de mi hombre ideal. El
bombero de Montana no me sedujo. Nunca me dejé fascinar por los uniformes ni
por los servidores públicos, pero cuando leí que el sistema había arrojado, aún
a pesar sus precarios algoritmos, un especialista en programación de
ordenadores con una lista de libros que comprendía gran parte de la literatura
clásica y moderna, casi fue una epifanía. Y era escocés. Esa nación que, en el
fondo de mi alma, bullía con pocos ingredientes, pero a fuego lento y antiguo,
a la lumbre de los genes y de la imaginación, esperando que una ocasión
inopinada apareciera y detonara una relación profunda, larga, íntima, estrecha,
vital, innegable e imposible de abandonar.
El arquitecto. Prefiero que las cosas
no me sucedan, sino provocarlas. Pero esta vez fue el primer caso. Después de un tiempo que no puedo precisar,
finalmente un día, llegó a mi atención un mensaje que se repetía con una insistencia
menor a la que me podría haber molestado, razón por la cual finalmente lo
advertí, y más aún, contesté. Aún sabiendo que podía ser peligroso. Como el
agua, que se mete donde puede, sin pedir permiso, sin violencia, pero sin
demoras e inexorablemente, me dio amor, cariño, sexo sin prisa, sin
competición, sin alarde, sin libertad,
sin prejuicios, sin esquemas. Al final, mientras no hable se parece bastante a
la felicidad, suponiendo que eso sea encontrar lo que uno cree querer. Tiene el
hábito de mirarme a los ojos, a veces con una fijeza vacía de –le digo- asesino
serial. Devolver su mirada es como hacer la plancha en el mar caribe. Un azul
tan profundo que parece verde, en el cual me gusta perderme hasta desear que
nunca más nadie me encuentre. Pero no me
gusta que me hable. Porque no entiendo su humor, demasiado absurdo para mi
literalidad, sus motivos ni sus excusas. Mucho mejor es verlo en acción y
editar todo lo demás.
El castigo. Es un amor platónico, pero
no por eso menos real o menos fuerte. La primera vez que caminé por el pasillo
largo y angosto del famoso y antiguo estudio de abogados, con su alfombra vieja
y manchada, los paneles de cedro lustrado a la goma laca muñeca, como se hacía
antes, porque ya nadie tiene oficio, el primero de varios que me llamó para
conocernos y conversar, fue el de la primer oficina a la izquierda, la de
Wolfie. Y habíamos sido vecinos en el
mismo edificio, aunque a destiempo. Como todo el resto de nuestra relación. Nos
conocimos cuando él ya había puesto primera en su vida. Más bien cuando ya
estaba en 4ª y pronto a entrar en la velocidad crucero en la que se mantiene
desde ese entonces, hace veinte años. O más. No obstantes todos los obstantes
entre medio, cada vez que nos vemos no podemos dejar de mirarnos profundamente,
aún cuando hablemos de cualquier tema. Por ejemplo de la vejez, del trabajo, de
las malas elecciones de nuestros amigos comunes… Su mujer sostiene que me tiene
celos pero que no se preocupa porque me conoce. Lo que no sabe es que no me
conoce tan bien, ya que si yo tuviera la ocasión, ella posiblemente habría de
lamentarlo.
El
ingeniero Para no contrariar a Freud mi primer novio fue un ingeniero,
igual que mi padre. Su cara redonda, su boquita minúscula, sus ojos grandes
pero sobre todo su confiabilidad fue lo que me ganó de entrada. Que me viniera
a buscar a las 9 en punto cuando había dicho a las 9 te busco me generaba un
estado de maravillosa excitación que jamás le confesé. No fuera que supiera con
qué poco me tenía. Lástima que le faltó amor. No en intensidad, sino en
duración. Sentí que se sumió en un sopor indiferente que me ofendió en lo más
profundo. Aunque el sexo haya sido probablemente el que más me haya
gustado. Era un buen candidato:
atractivo sin estridencias, caballero y cariñoso, buen amante y trabajador.
Pero me cambió por un barco. El día que me di cuenta que lo único que le hacía
brillar los ojos era navegar, ese mismo día en que me di cuenta que no me
quería así de tanto, me di por vencida y lo dejé.
El
franchute. Es verdad que el tamaño importa. Quien diga lo contrario miente.
No sé si es cierto que el tamaño de la nariz, las manos o los pies y otros
miembros se corresponden, pero tiendo a pensar que es verdad, como así también
es verdad que más es mejor que menos. Y también confirmé esa teoría que no sé
siquiera si existe, aunque debería, que los franceses son los mejores amantes.
El mismo amor que tienen por el buen vivir, la buena comida, los buenos vinos,
el rico pan, el queso y todos los otros grandes placeres hedonistas, transpira en un arte de amar que no se parece al de nadie que yo haya conocido en mi no
poca experiencia. Olvídense de los judíos; aunque me faltó un psicólogo. Claro que el problema fue, precisamente en
que era francés. Y esta vez como sinónimo de amoral, mentiroso, y pelotudo. Me
costó perder su compañía, su cocina, su amor y sus grandes manos.
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