"¿Cree usted que si lo pudiera decir con unas cuantas palabras, me tomaría el enorme y brutal trabajo de bailarlo?" (Isadora Duncan)

martes, 6 de noviembre de 2007

Primeras Veces


Casi todos mis vicios, los aprendí de mis primos. (Qué buen disclaimer. Jé)

Mis primeros recuerdos de aquella bella estancia donde transcurrieron casi todas las vacaciones de mi infancia y primera juventud en la provincia de Buenos Aires y pegado al mar, tienen un sabor muy dulce.

Dulce y salado. Los veranos eran interminables; tanto que eran casi aburridos llegando a marzo, cuando maduraban las brevas. Antes de ello sucedían hasta los cambios de estación, porque pasábamos tanto tiempo allí que uno veía explotar el verano y luego declinar para dejar paso a un innegable otoño.

Recuerdo llegar a finales de noviembre o principios de diciembre y oler a humedad - la casa había estado casi vacía con la salvedad de T&P. T cortaba el pasto con un tractor y una maquina gigante. Tenía una perseverancia a toda prueba. Idéntica a la de P, quien, todas las mañanas de su existencia patrullaba la muy extensa galería que rodeaba la casa, munida de un gigante artefacto que constaba de un palo y un cepillo que apoyaba sobre un recorte de frazada vieja y arpillera mojados en querosene. Circulaba por la galería empujandolo, con lo que le daba un lustre perfecto e inolvidable a las baldosas calcáreas coloradas. ¡Guay de la criatura que osara pisar la galería en patas y/o mojado!

No sé por qué casi siempre llegábamos de noche. Los olores y los sonidos eran distintos a los de la ciudad. Además generalmente hacía frío aún cuando en Buenos Aires hubiera estado haciendo calor. Salía vapor de la boca al hablar. Me acuerdo que nuestro padre iluminaba la galería con los faros del auto para poder ver hasta encontrar las perillas de la luz y para no despertar a los posibles huéspedes. Parte de la sorpresa, en aquellos años, era ver al día siguiente quienes de la inmensa familia habían llegado ya. Ni celulares ni Internet ni correo electrónico nos avisaban con anticipación cómo se compondría el contingente cada verano. Nos provocaba muchísima excitación.

Mis hermanos y yo somos los hijos del segundo hijo de nuestra abuela, por lo tanto casi los mayores, si no fuera por los seis hijos de la tía mayor. En esa grandiosa casa coincidíamos: nuestra abuela MI, sus ocho hijos, cada una con respectiva prole. En otras casas, todas muy cerca, vivían hermanos y hermanas de mi abuela y su descendencia prolífica. Casi un pueblo por derecho propio. En cualquier caso un clan.

Pues después de haber pasado algunas temporadas en la selva, volvimos a tener vacaciones en la más civilizada localización que constituía esta estancia. Por supuesto los individuos más interesantes para mi en aquella fase de la infancia eran mis primos mayores. De entre ellos, especialmente, la hija n°5. Era casi de mi edad -un poco más grande; en esa época un año equivalía a toda una vida.

Esta prima era muy líder y para gozar de su amistad había que cumplir innumerables pruebas, las cuales otras dos primas y yo tratábamos de realizar no sin bastante disgusto casi todas las veces.

Una de esas fue el inicio tabáquico. Empezamos fumando chalas de eucaliptus. Luego empezamos robando cigarrillos de la eterna mesa del comedor, donde cada noche había no menos de 20 adultos que chupaban y fumaban sin freno. 'Afanábamos' progresivamente cigarrillos mentolados, Kent, y More y huíamos al monte de eucaliptus que circundaba la casa. Era tenebroso. Los ruidos siempre contribuían al terror. Para la ambientación, cada vez que llegábamos al particular reducto en el monte, alquien recordaba que en ese mismo árbol, se había ahorcado Coscolla, el colchonero. Y por las noches salía a vagar, llorando su pena. Una vez cumplidos esos ritos, esta prima nos arrinconaba contra el viejo Eucalyptus melliodora y vociferaba: "fumá, maricona".

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Ajajáaaaa!!! Qué bien contado, Cosima, me encanta. Yo que soy menor tenía que aprobar el rito iniciático con la prima T. que era igual de déspota y nos hacía fumar palitos de ceibo! ajjjjjj
Besos!

Cosima dijo...

"Alimate" y contalo.

Anónimo dijo...

NOOOO!!! Se termino "Ad Lib"...
...Bueno. Todo lo hermoso tiene un fin.

r dijo...

Yo empeze a fumar a los 13 pipa. Despues pare durante un año. Fume Panters un par de meses. Pare otro año. Empeze a fumar cigarrillos: prove la mayor cantidad posible de marcas, me quede con los Gitanes (que en Argentina solo existen en variedad blonde). Siempre fumo durante el invierno 1 cigarrillo al dia y paro durante primavera, verano y mitad de otoño, hasta que viene el frio.
Este año, por primera vez, siendo primavera, estoy fumando uno de vez en cuando.

Mari Pops dijo...

Que buen relato!!!!!
casi se olia a campo, a humedad y a recuerdos, Felicitaciones!