"¿Cree usted que si lo pudiera decir con unas cuantas palabras, me tomaría el enorme y brutal trabajo de bailarlo?" (Isadora Duncan)

sábado, 4 de enero de 2014

Locos

Últimamente me he rodeado de gente con capacidades diferentes. Capaz que algo quiere decir. Trabajo para una persona de casi un siglo. Mi peor es nada es casi Asperger's, mi mejor amiga por ahí le anda. Mi otro amigo es, según él bipolar. 

O estoy demasiado cerca y por ende no veo que nadie sea normal, o el viento nos amontona. Creo que es lo segundo.  También implica ver al mundo de una manera especial, probablemente con un poco más de dolor y  lucidez que el ciudadano promedio. Y por añadidura con la consabida infelicidad. 

Acá es cuando aprecio monumentalmente lo que quizá fuera el legado más importante de mi madre: el sentido del humor. Ante el absurdo de la vida, el dolor, la injusticia, las cosas sin remedio... afirmaba que todo debía disolverse en una estentórea carcajada. 

jueves, 2 de enero de 2014

Falso

Mis pesadillas  en un alto porcentaje consisten en el el dolor que produce el descubrimiento del engaño.  Anoche estaba en la casa de una familia amiga de mi familia desde hace un par de generaciones, con lo cual era como la mía misma. ES como la mía. El pater familias murió, después de padecer varios años  Alzheimer y la madre se enfermó de diabetes, igual que casi todos sus muchos hermanos. Ella me llamaba en un aparte con la clara intención de hacerme una corrección fraterna, a la cual acudí intrigada. Pero mucha más intriga me dio cuando me pidió que no le diera más besos ni abrazos cuando nos saludábamos o despedíamos, porque en su familia no le gustaban. Si estuviera haciendo terapia y me preguntaran con qué lo asocio, me sería difícil relacionarlo con algo, más allá del sudor fruto de la canícula de este país que ahora es tropical y no nos queremos convencer. 

Después soñé que me iba a la posada en la playa a donde voy siempre en esta época, pero habían mudado mis cosas al sótano en función de que yo estaba pasando unos días en la casa de mis amigos. Y en mi cama había un negro. Y otra persona, durmiendo al lado. Ok. Ahí me desperté. 

sábado, 28 de diciembre de 2013

El señor de abajo: Soneto 18 - Shakespeare. Qué Hermosura.

El señor de abajo: Soneto 18 - Shakespeare: tas más buena que un día de verano mucho más y además sos más hermosa el vendaval de enero es inhumano y el verano es cortito po...

To Do's

Hace no muchos años empecé a (volver a) hacer listas de propósitos para trazar líneas tendientes a mejorar, reordenar y  reencarrilar mi vida y ser, por ende más feliz.  Hacen muchos años también que la lista se repite, sin ningún logro fundamental. 

Yo pensaba que era una contrafobia muy enroscada, fruto del movimiento pendular que me arrojó en las antípodas de aquella secta a la que supe pertenecer, y sobre la cual, muy rara vez pero sí de vez en cuando, todavía tengo pesadillas. Pero también pienso que si uno no hace algunas cosas a conciencia, es muy difícil que el azar las haga por nosotros. Soy por ende, una hacedora. No soy de sentarme a esperar que me pasen las cosas. Consiguientemente tengo la frente llena de chichones, pero en perspectiva, capaz que alguna vez me alegré de haber conseguido alguna cosa que quería mucho. 

Este año 2013, que me fue tan propicio, voy a poder tachar dos o dos y media cosas. El número 13 siempre me gustó. Nací un 13 de septiembre. Cuando tenía 13 años era feliz. Cuando juego a algo o compro una rifa, busco ese número. Es mi número de la suerte, aunque no crea en la suerte. 

Por ende, en estos días que estoy un poco al vicio, y que estoy tratando de cambiar tantas cosas de la forma en que he venido viviendo, voy a inaugurar una de las preciosas libretitas que me compré en Europa este año, empezando, creo por la de Edinburgh y voy a repetir el rito. 

Tanto va el cántaro a la fuente, que seguro un día se rompe. Es la estadística, dummy

viernes, 27 de diciembre de 2013

Yeguas y equinos

Anoche soñé con caballos. Más precisamente esta mañana. Con yeguas, en particular. No sé por qué, desde el punto de vista de la organización inconsciente o subconsciente. Pero los caballos, igual que las máquinas herramientas, ocupan un lugar privilegiado en el fondo más profundo de mi alma. La zona donde se alojan estas más o menos secretas aficiones se llama edipo. Mi padre era ingeniero civil y jugaba al polo. Seguramente representen el poder, la fortaleza, la eficiencia, y la belleza, todas cualidades que me gustan mucho. Las de las máquinas herramientas en los hombres y las de las yeguas en las mujeres. De hecho en mi tribu las mujeres recibíamos un trato y una apreciación muy parecida a las bellas equinas. 

Me gustan las yeguas porque son lindas. Son lindas porque ... Ah, la salvedad es que estoy hablando de la raza polo pony, aunque incluya los thoroughbred. El pelo brilloso, cortito, pegado a la piel, suave, que deja transparentar los músculos y venas, los tendones y cavidades, me generan lo mismo que los brazos de hombre rubio o pelirrojo, curtidos por el sol. No abundo por una cuestión de dignidad apenas sostenida. 

Me gustaría ser una yegua en alguna vida, si fuera posible. Me gusta correr furiosamente, a la par de otras a ver quién gana. Su brío y su carácter arisco me son rasgos familiares, más aún, interesantes y bellos. Revelan impulso, experiencia, ganas, entusiasmo, sensibilidad. Ser arisca es una virtud más que un defecto. Por qué, acaso las mujeres tenemos que soportar tantas cosas que no deberíamos? Es un recurso para defenderse. 

Pero cuando las topadoras y las aplanadoras al borde de las rutas están en pleno funcionamiento, tengo que luchar para no chocar, porque difícilmente puedo seguir manejando sin poder despegar los ojos de estos cacharros tan entrañables para mi. Me gusta cómo cavan la tierra, como la amontonan, la esparcen y la aplanan. No me gusta verlas paradas sin hacer nada mientras decenas de operarios comen asado y ellas quedan olvidadas al rayo del sol. 



martes, 24 de diciembre de 2013

Saturnalia

Si no fuera que me arrepentiría, me quedaría en mi casa. Está fresquita, silenciosa, fragante. Huele a jazmines, nardos y cerezas. Pero me espera un buen programa: festejar la Navidad con mi familia más cercana, y con mis primos más cercanos y sus familias. Va a ser una reedición de aquellas navidades en el campo. Esas navidades con ricos perfumes y corazones cálidos. Comeremos, beberemos, reiremos, bailaremos y hasta quizá nadaremos. 

Todos mis verbos favoritos, con alguna salvedad. 


Haya paz. Que es lo único que me importa, conforme envejezco y no necesariamente me transformo en más sabia. 

domingo, 15 de diciembre de 2013

Palabras que empiezan con A

No sé si por decisión personal o fruto de algunos acontecimientos, vengo cobrando conciencia de que estoy pasando por un momento verdaderamente crucial. No sé qué fue primero, si la decisión de cambiar de vida, o la vida decidió que yo cambie. 

Todo empezó cuando mi madre mencionó, quitándole importancia, que tenía un 'coso' y que se tenía que hacer análisis, que el doctor le decía que nos tenía que llevar a una consulta. Todo esto terminó con su muerte, fruto de la ineptitud de los médicos y su encarnizamiento inmoral y nefasto.  Fue sacar chapa de persona adulta. Provocó un efecto dominó que me arrojó a esta nueva orilla cuyo paisaje escruto con una incredulidad que no se me pasa. 

Me pasan muchas más cosas de las que puedo contar, analizar, interpretar y o capitalizar. La ansiedad y a veces angustia que me provoca esto me dan ganas de irme a la mierda, patear todo, patear la moto, el tablero, rajarme, desaparecer, irme a  vivir a una isla desierta, irme a vivir al desierto mismo, y todos esos clichés que cobran relieve bajo la nueva luz de esta etapa. 

Una familia amiga de mi mas tierna infancia y con quienes hemos renovado la cercanía de nuestro vínculo de amistad, hace más o menos el mismo tiempo, me invita a festejar toda serie de aniversarios vitales: cincuentenarios, de casamientos, casamiento de los vástagos. Etc. También ha asomado el primer nieto de los amigos de mi misma clase. 

El espectro de los sentimientos que estas cosas me generan va desde la tierna gratitud de poder contar mis amigos de muchas décadas, hasta imaginarme cómo se sentirán teniendo hijos, nietos, yernos, nueras, sobrinos postizos, etc. Hay una parte que me espanta. El no haber tenido hijos y haber tomado conciencia de que tampoco los voy a tener aún cuando los quisiera, me da miedo de empezar a lamentarlo, aunque verdaderamente no me gusten demasiado las criaturas, sobre todo después de un rato. 

Me planteo si habré tomado las decisiones correctas. Sé que tomé muchas decisiones incorrectas. Otras decisiones no me animo a tomarlas. Soy una cobarde aún cuando pienso que ganaría mucho haciendo esas cosas que tanto miedo me dan. 

Estoy ensayando una nueva forma de vivir. Vivir en colores en vez de en blanco y negro. No ser tan radical y extremista en mi manera de pensar. Ser menos dura conmigo misma. Intento fluir. Intento que vivir en cierta incertidumbre no me resulte insoportable. Quiero entender que, como dijo mi compañero de ida al polo, me puedo 'quedar sin caballo' en plena final del partido. Quiero entender mis limitaciones y no creer que tengo un pingo cuando en realidad, quizás sólo sea un matungo. 

viernes, 29 de noviembre de 2013

Dior Gratias

Qué es esto de Thanksgiving?! La celebración del día de Acción de Gracias antes no la entendía. Quizá por que he sido muy ingrata. Pero si entiendo que es de bien nacidos ser agradecido, he entendido que dar gracias es bueno para el alma de uno. Entonces voy a hacer un ejercicio. 

TO WHOM IT MAY CONCERN: 
Agradezco que sea primavera y que el cielo de ese azul límpido no tenga nubes a la vez que está fresco, mientras que los jacarandaes y los lapachos y dentro de poco las tipas y por qué no las pasiflora edulis o mburucuyá me sorprenden colgando de las rejas del zoológico. Aunque mis favoritos son los tilos, bajo cuyas grandes hojas y flores doradas y fragantes adoro caminar y me sedan instantáneamente. 
Agradezco que el zorzal cante extemporáneamente porque me recuerda que existe la naturaleza, ese paraíso del que vivimos exilados, pero que como una pieza de relojería cumple puntualmente sus tiempos y cambios aunque olvidemos que no somos más que una pequeña parte de ese (parte de otro) todo que se llama Cosmos.
Agradezco la lluvia torrencial, que enjuaga la ciudad, y la llovizna que anodinamente rocía los parques y jardines aunque el sol rajante deshaga su trabajo tan rápidamente.
Agradezco el agua en todos sus estados, cuando me lavo las manos porque las siento secas o con polvo, cuando me baño y me siento que me renueva y me alivia los efectos del trasiego metropolitano, cuando puedo nadar, flotar, o sufrir el embate de las olas, cuando está fría y es como un despertador que me saca de la modorra. Cuando corre y busca su camino implacablemente hacia su destino a veces secreto.
Agradezco las flores, especialmente los jazmines y las peonías, y su fragancia.
Agradezco que mi MAC me sobresalte anunciándome las horas con el acento escocés de “Fiona” que aunque yo lo programé, me lo olvido, y me hace creer que estoy en Escocia.
Agradezco los campos de trigo, verde y maduro, que me recuerdan al mar y me quiero sumergir y nadar.
Muchas cosas agradezco, pero el día comienza y aunque no lo dije agradezco tener cerca personas que quiero tanto, que me inspiran, que admiro, y ver el vaso lleno también es un ejercicio. Hablando de vasos me voy a lavar los platos. Pero antes otro pensamiento: 
Al final me admito que creo ser una verdadera adicta. En el sentido sobre todo de mi incapacidad de comunicarme y de su frustración concomitante. Creo que eso está en el fondo más profundo valga la redundancia, de muchas de mis afecciones. 
Entendiendo esto automáticamente lo puedo ilustrar con un sueño recurrente y angustioso en el cual tengo pinchados en la lengua y labios millones de alfileres como si fuera esa almohadilla de pinchar alfileres y agujas. Todo inicia en la incapacidad de decir las cosas. Soy verborrágica naturalmente. Sin embargo no tiene nada que ver con que sea capaz de transmitir mis sentimientos sobrepasando la vergüenza, la cortesía, el decoro, los miedos, la educación  y quién sabe cuántas cosas más que me lo impiden. 
Alguien me dijo hace poco que si no fuera por la válvula de escape que supone la escultura, estaría loca. Quizá loca linda, pero loca al fin. Un par de veces en mi vida he tenido la sensación de estar por volverme loca. Creo que secretamente algo loca soy. Me río interiormente.  
Anyway, (con acento escocés, que suena tipo énewi) hace seis días que no fumo y es muy interesante todo lo que encierra un rollito de tabaco. Incinera cosas que uno debería decir, tapa la boca de gritos que uno debería pegar. Pero mejor, mucho mejor es dejarlo salir. El desafío es hacerlo a lo británico. Amablemente, aunque no sin firmeza. 
Cumplí años (y emulando a la dama con la que estoy trabajando que tiene 98 años pero para quien la edad es una entelequia) mi madre se murió, tampoco tengo padre, y siento que al fin dejé mi vida atrás. Mi vida azarosa, difícil, dura, injusta, dolorosa, equivocada, cruel, al fin siento que la puedo dejar atrás. Nunca es tarde para nada. Siento el poder físico de dar vuelta la hoja. Me visualizo pasando una pesada hoja de pergamino y acabar con muchos capítulos malos. Es hora de que yo tenga una vida con más suerte, como me dice el escocés. Es hora que viva mejor, que sea más feliz, que sea más leve, que me enoje menos, que sea menos perfeccionista, que no sufra al vicio. 
Es hora. Veremos cómo me va. 

viernes, 22 de noviembre de 2013

Estoy tan contenta que me dan ganas de teñirme de rubia. Eso sí, no me pregunten cuál sería la relación entre una cosa y la otra. Me parece que es porque te da un aire más despreocupado que el castaño. Cuando me veo en el espejo, a veces pienso que me veo cansada y un poco apagada. 

Estoy por volver a dejar de fumar. Estoy tachando endemoniadamente tareas de mi To Do list. Incluyendo la administración pública, para quienes, básicamente, somos unos condenados a muerte, por lo cual nos tratan como tales. Completan la formación actividades antes impensadas puesto que mi tiempo y energía se los llevaban las multinacionales, cambiar la cuchilla a la licuadora, hacer arreglar la valija, averiguar cuánto sale una máquina de coser, ir a pelearme con OSDE. Pelearme con Vomistar. Pelearme con Cablevisión. Con quién más me puedo pelear? En fin, igual voy y todavía bajo el efecto escocés sonrío indiscriminadamente y soy amable. Who knew. 

En estas semanas que empecé un trabajo free lance, y, como dicen en la TV estoy llena de proyectos, en mi mejor momento. Eso que siempre me parecía un cliché y hasta un eufemismo para estar desesperadamente buscando trabajo y/o novio. Pero ahora lo puedo afirmar en toda su anchura y sé exactamente lo que se siente. 

Espero que a fin de mes me entre mi primer pago de esta nueva vida. No sé por qué me pasé tantos años encerrada en una oficina, con lo que padezco el confinamiento. Es una absoluta tortura para mí. Siempre creí que DEBÍA. Debía esto o lo otro. Quién carajos me lo dijo? Por qué me lo creí! 

Bueno, el movimiento se demuestra andando. Vamos a ver si puedo sostenerlo. 

Quién era ese que dijo que el estado de la felicidad perfecta es cuando soñamos despiertos sobre nuestra futura felicidad? Ah, si, era Pascal, me confirma el escocés. Espero no estar haciendo eso. Pero que me siento feliz, me siento feliz. 

jueves, 21 de noviembre de 2013

Qué dolor

Apenas llegada de vuelta de mi sabático, enganché una peli, empezada, como las mejores película por supuesto, (o la ví en el avión?) en la que Kate Hudson, una desenfadada ejecutiva, se entera de que tiene cáncer. Históricamente siempre lidiaba con los problemas con una risa descalificadora. 

Pero la enfermedad empieza a limarla anímica y físicamente. Sus amigas la acompañan, se enamora del médico, en contra de las recomendaciones de todos, y la madre, más tarde, hace su entrada en la piel de Kathy Bates. Que me gusta muchísimo. 

Ella que era independiente, resuelta, llena de vida, sin miedos, divertida, querida, y además se quería diferenciar de su madre -típicamente- en un momento le pide perdón por haberla tratado mal. Siempre.  Ya estaba diezmada por la quimioterapia, las infecciones… en el lecho de muerte. Y su madre, con todo el amor del mundo, y también haciendo gala de grandeza de espíritu inmensa, cosa que seguro había heredado la hija aunque no lo supiera o quisiera admitir, le  asegura que es lo que las hijas hacen a las madres. 

La escena se me clavó en el alma y me hizo pensar, arrepentirme, y encontrar también cierto consuelo. Pero lo mejor que me di cuenta, es que tengo ganas de ver a la mía, de encontrarnos, de oler su perfume, de ver sus manos largas y añosas pero siempre bien arregladas, su mirada intensa y dulce, su gesto no sin cierto rictus.Sé con toda mi alma y me gustaría muchísimo volvernos porque gracias a su sentido del humor las dos podríamos estallar en sendas estentóreas carcajadas. 

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Wallpapers

Por quinta vez me paré frente a la reja de la esquina del barrio que sería perfecto si no tuviera ese ruidoso colegio, cruzando la calle. Pulsé el timbre dos veces, sabiendo aunque no tenía evidencias, que no funcionaba. También sabía que a la hora en que me esperaban, la figura del afable gigante habría salido a esperarme. Son de esas cosas que derivan de una buena educación a la antigua y cuyos códigos me sorprende conocer y más aún encuentro inefables. 

Cada visita es como un viaje al pasado. Un viaje sin traslados de tiempo ni espacio. Es como un viaje inmóvil. No sé por qué no me horrorizan los empapelados ruines o las manchas de humedad. Será porque los olores, a los que soy tan sensible, son amables. Tampoco me afecta el amontonamiento caótico de los objetos ni la poca luz. Me inspira porque evoca lo magníficos que supieron ser esos ambientes tan cargados de historias. 

La cercanía con Mmme. E. fluye con naturalidad. A veces creo estar hablando con una mezcla de mi madre o mis abuelas. Los dedos largos, las uñas pulidas y elegantes, los gestos de sorpresa, la manera de hacerse sombra con la mano cuando se encandila con los rayos de sol que entran por las ventanas amplias del escritorio, los gestos de resignación, fastidio, rabia, todos son elegantes y moderados. Jamás transmite sentimientos negativos intensos. Tienen una liviandad reconfortante. Como si nada de esas cosas tuviera demasiada importancia. Como si valiera la pena soslayar cosas banales. Justo el tipo de ejemplo de vida o consejo existencial que busco con denuedo. 

Trabajamos poco, conversamos mucho, e inevitablemente lo hacemos alrededor del lapsang souchong con locatellis de pavita hechos ex profeso, minutos antes de nuestro rendez-vous y provistos por el afable gigante que la guarda. 

Es difícil decodificar las historias ya que a veces se le escapan los conceptos. Siendo casi centenaria es el único efecto negativo, aunque no se entrega a sus limitaciones. Intenta encontrar la palabra que busca, siempre y con determinación. Quizá esa sea la fórmula. Tengo que desplegar todas mis antenas, mis sentidos y echar mano de todas aquellas cosas que estudié en el colegio, poco y mal. 

Nunca es tarde. 



domingo, 17 de noviembre de 2013

ἐπιτομή

Estoy pasando mi mejor momento. 


Siempre quise decir esta frase. Pero nunca tenía la oportunidad. O cuando tuve la oportunidad no me acordé decirla. 


Veo todo diferente. Me siento diferente. Me faltan cosas que antes me sobraban. Me sobran cosas que antes me faltaban. Me sobraba un trabajo nefasto. Me sobraban actividades. Me sobraban obligaciones. Me faltaba aire. Me faltaba diversión. Ahora me pregunto con extrañeza cómo era posible que me sintiera infeliz. 



Ayer estaba re lindo el día. No había ni una nube en el cielo. El color era de aguamarina. El sol estaba tibio y por suerte no bruñía. La brisa era fresca así que quizá venía del Norte. Ah, no cierto que cambié de hemisferio: vendría del Sur. 

Me fui a mi jardín. El pasto estaba cortado como una alfombra. Le falta un pelín de agua. Es que el sol está más fuerte de lo que parece. Claro, el agujero en la capa de ozono tiene la insolencia de estar sobre este hemisferio aún cuando quienes lo generaron están mayormente en el otro. Traspasé la entrada fluidamente, con esa facilidad de los hábitos viejos. 

Me senté junto a A., la cara al sol y la camisa abierta. La luz ya es enceguecedora. Todavía me asombra que los días no se están acortando y que las vidrieras tiene ropa de primavera en vez de otoño. 



De repente interrumpen la calma unas yeguas fabulosas, lustrosas, atléticas, largas, aerodinámicas. En mi opinión el epítome de la belleza animal. Pero luego vinieron las otras. Esas yeguas jóvenes, ansiosas de mezclar sus genes con aquellos de los jinetes, ignorando que la competencia es feroz y que sus chances son magras en extremo. Ommm. 



Típico paseo por el campo a la hora del té fuimos a visitar a los anfitriones aunque no nos invitaron con té. Por ahí tenían sangre escocesa. 



sábado, 9 de noviembre de 2013

El orden de los factores no altera el producto

Recién apenas siento que me volvió el alma al cuerpo, después de haber tenido la dicha de haber podido romper con todo por un rato largo, de haber sanado heridas, pero también la mente y el cuerpo, cuando sucedió algo que me hace creer en cosas que habitualmente niego: la suerte. Será posible que las cosas me salgan a pedir de boca?  La sobreadaptación a las inclemencias de la vida, me hace sospechar que la buena fortuna me sea propicia.

El hecho es que empecé a trabajar con una anciana dama, casi centenaria. Lady E. tiene 98 años. Es esbelta, ha sido más alta, aunque camina un poco encorvada, pero se adivina su vida regia, muy educada en el mejor de los sentidos. Su trato es elegante, interesante, y su cabeza funciona a la perfección, aunque como ella declara, se olvida algunos nombres o le cuesta recordarlos rápido. Pero siempre lo intenta y lo consigue, más temprano que tarde.

Tiene el pelo lacio, abundante y canoso, peinado hacia la izquierda. Sostiene el mechón con una hebilla de esas que hacen “clac’ al abrir o cerrar. Usa un sweater de puro cashmere algo apelmazado y con manchas, un pañuelo de twill de seda ajado y deshilachado, un cinturón con una ‘H’ dorada y reveladora. De esas que hablan de plata vieja. Casi no ve y oye poco.

Al llegar al lugar de la cita recuerdo cuántas veces pasé por esa esquina y miré esa casa. En relación a las otras del barrio, ésta se ve un poco ajada. Le falta mantenimiento y lozanía. Las otras casas están pintadas y enduídas y tienen jardines más verdes, veredas más limpias y sin graffittis en los muros.

Toco el timbre y aparece la figura del chofer, inmenso y alto, afable y cordobés. Oír el acento cordobés me da tanto placer como oír hablar francés, italiano, o inglés con algún acento que no sea el norteamericano. Abre la puerta de servicio y subimos cuatro escalones hasta el ascensor. Pulsa el botón de Planta Baja. El ascensor no por viejo anda menos bien. Por un pasillo llegamos a una serie de salones: el ‘Drawing Room’, el Living y la biblioteca.  Son ambientes enormes, con techos altísimos, esos que ya no se ven más, salvo en museos.  Las ventanas son magníficas y altas y dejan entrar la luz verde que se transparenta por los plátanos de la calle. Pero está oscuro y cuando las pupilas se dilatan para acomodarse a la luz tenue, queda evidente el estado de descuido general.  Un descuido que es casi ruinoso. De las paredes cuelgan metros de cortinados pesados de colores que alguna vez fueron amatista y jade. Extrañé la presencia de más muebles grandes, de esos que traían en barcos en los años en que los argentinos esnobeaban a los británicos y éstos comían de nuestras manos. Hay muchas pinturas muy buenas pero intuyo que también habían algunas mejores aún. Una colección de porcelanas, sin embargo, desplegada a lo largo de todas la recepción, me iluminó el día. Gallos, perros, damiselas, relojes… Un botín que hasta emocionaría al anticuario mas flemático.

En un sillón, como olvidado, despreciado y objeto de perplejidad, yacía sentado una pieza de arte óptico-cinético que levantaba el promedio de edad de la fabulosa colección. Aún cuando desafiara el criterio del potencial curador. El mismo efecto produce un canapé modernista, tapizado en furioso terciopelo anaranjado. El definitivamente atrevido criterio curatorial quedó consagrado con una cómoda laqueada de fucsia luminoso, parado contra una pared en el ala privada del norte.

Es de las experiencias cuyos  estímulos iluminan las  zonas más felices  de mi cerebro. Las mismas que se activan cuando estoy sumergida en la naturaleza o atravesando aventuras que me llenan el alma.


http://www.youtube.com/watch?v=OfJRX-8SXOs

Good Morning, World

Al final este blog es lo más aleatorio posible. Me encantaría que fuera más orgánico y regular, pero bueno, es lo que es y estoy en pleno tren de fluir y de olvidar la perfección y la obsesión.

Apenas me empiezo a sentir de nuevo instalada en mi vida en la gran ciudad, después de una temporada muy muy larga de destete, reseteo, aventuras, glamour, amor, frío y felicidad.

Estoy a punto de comenzar un nuevo trabajo, después de seis meses de joda por el mundo, literalmente.

Pero la novedad es secundaria y mucho mucho menor de los efectos de haberme tomado un tiempo lejos de todo, de mi casa, mi ciudad, mi país, mi gente, mis neuras, mis obsesiones, pretensiones y otras formas en las que me arruino la vida. Pero voy a hacer un flashback antes de empezar a contar mis nuevos emprendimientos. 

martes, 29 de octubre de 2013

Recalculando

En Edinburgo no hay mosquitos. De hecho no hay insectos. No hay polillas, creo que vi dos o tres moscas, sin exagerar, que tan bien se me da. Hay ‘Daddylonglegs’ que no sé como se llaman en castellano, pero son esos bichos chiquitos con unas patas muy largas. No hay bocinazos, no hay casi crimen, no hay mugre, no hay gritos. Tampoco hay mucho sol, y es una lástima que eso me importe demasiado.

He vuelto aunque sólo físicamente. Creo que me gustaría volver pero estoy esperando a que el cuerpo me lo pida. Pero mi cuerpo esta desconectado de todo. Veo amigos y familia pero me siento un poco desapegada. Creo que me importa más lo que dejé allí.

Necesito que algo me incline la balanza, que está muy pareja apenas oscilando entre los dos platos. Me duele el arrancón potencial que implica decidir irme o quedarme. Qué será de mi. 

lunes, 23 de septiembre de 2013

Otoño/Verano/Otoño

Pasaron seis meses y cuatro años y medio desde que mi vida empezó a cambiar bastante radicalmente, no sin mi intención remota.

Después de la muerte de mi madre, que fue un golpe mucho más grande del que ilusamente preví cada vez que me lo imaginé, después de que mi vida laboral viró gracias al país en el que no se puede invertir y se espanta a los negocios serios y después de haber tropezado con la misma piedra de aceptar un trabajo aún cuando me avisan que el candidato a ser mi jefe es un sociópata intratable, convencida de que mis fuerzas o tolerancia son mayores de que lo que es saludable para cualquier cristiano, pues hice lo que no suelo hacer, que es patear la moto. O el tablero. O lo que haya sido.

A, con su voz que tañe como campanitas de Navidad, me llamó inopinadamente un día  y me dijo  que se estaban yendo a un viaje al Mediterráneo. Que si no quería ir. Que si no me gustaría navegar desde Barcelona a Mónaco vía el Golfo de Lyon, previa escala en el puerto de Roses, Cadaqués, Poquerolles, y otros con nombres igualmente encantadores y evocativos. Que me necesitaban para que hablara por radio con los puertos en francés, además de requerir el placer de mi bella compañía.  Lo pensé bastante, en vano, hasta que dos voces de dos mujeres a quienes respeto inmensamente, me abrieron los ojos. Entonces me lancé, no sin bastantes recaudos, a la aventura. Proyecté un escenario bastante conservador, porque en mi estado anímico y de energía no me sentía inclinada a grandes hazañas. Cinco semanas se transformaron en cinco meses y no sé si vuelvo o si retorno ni cuándo. Sin embargo, habiendo cambiado un poco los parámetros por los que me guío a la hora de tomar decisiones, todo ha ido fluyendo de maravillas. Sobre todo a mi favor, cosa que no me suele suceder porque soy mi peor enemiga cuando se trata de pensar qué es lo mejor para mi.

Es así como hace casi cinco meses que dejé mi casa, mi auto, mis amigos, mi familia, mi calle, mi barrio, mis costumbres, mis plátanos, mis plantas tropicales, mis cubiertos de plata, mis carteras glamurosas y otro sinfín de cosas sin importancia y ando haciendo las cosas que me gustan con la persona que quiero en un continente civilizado y lleno de gente respetuosa y sonriente. Frío, también.

Desde entonces he paseado y recorrido en profundidad y en una extensión obsesiva Barcelona, Puerto de Roses, Cadaqués, Port Lligat, Montecarlo, Beaulieu Sur Mer, Niza, Madrid,  Vigo, Santiago, Edinburgo, St. Andrews, North Berwick, Musselburgh, Stirling, y otra cantidad de localidades que mi mente no puede del todo enlistar.

Debí hacer esto hace muchos años, cuando, en vez de hacer loquee quería, sentía que tenía que hacer algo llamado vocación o esas estupideces que te intoxican cuando te educan y no viajás tanto y no tenés suficiente perspectiva, cerebro o amor propio.

Nunca es tarde. Y hacia donde iré ahora  no lo sé, por que planificar o proyectar me dan una ansiedad insoportable. Además he descubierto que vivo muchísimo mejor, más feliz y con mejor cutis, procurando solamente el afán de cada bendito día. 

jueves, 21 de marzo de 2013

A ver si ahora me animo

Qué notable, diría Bela, mi abuela materna, cuyas sábanas de saten rosa viejo bordadas con sus iniciales, reposan sobre la mesada de mi cocina, esperando mi decisión irrevocable sobre su futuro.

Me echaron de mi trabajo — bastante provocado por mí, debido a que ya estoy grande y no me banco que un pendejo nuevo rico y pretensioso y psicópata me maltrate. Arreglé unos mangos — sólo aquellos con los cuales mi conciencia esta perfectamente en paz, y ahora entonces qué hago. Pues bien, después de pintar mi casa, plastificar el parquet que se levantó por enésima vez al lado de la ventana que va al patio, después de estar casi terminando con chequero medico general, pues hoy, día 21 de marzo, día en que comienza el otoño, día que mi madre cumplía años (hoy habría cumplido 78 si no se hubiera muerto cuando todavía era demasiado joven), pues hoy, inopinadamente hice o estoy haciendo algo que debí hacer hace mucho.

Y eso es encarar sin miedo mostrar mi producción de esculturas al éter y ver què pasa. No sea cosa que la mala suerte se transforme en buena suerte y suceda lo que siempre temí que me pasara. Porque no sabría como manejarlo. Los idus de marzo me sean esquivos. El cosmos siempre me sorprende. Que la suerte venga a mí! Creo poder sobrellevarla. Al menos un poquito.



martes, 12 de marzo de 2013

Nunc Coepi reloaded

Martes de marzo, en el sofá de la casa de mi hermano, mirando el cielo azul, escucho alarmas y una radio lejana, el zoom de los autos y la sirena. Y yo en algo así como un sabático forzado consecuencia de haberle sacado el cuerpo al rumpelstiltskin. Eso sí, habiendo cobrado.


Qué tengo por delante no lo se; sólo intento surfear la ansiedad y los nervios de la falta de estructuras. Confío en que el cosmos me sea propicio y me muestre un camino afín a mi sensibilidad y talento. Si es que lo tengo.

Me gustaría no tener que cumplir un horario, no tener un jefe imbécil que me maltrate ni denueste. Quiero desencadenar mi potencial, perderme en las corrientes de la creatividad, volar como un globo sin piolín.

Ínterim me ocuparé de cuerpo, casa y vehículo. Renovaré festejante y a empezar de nuevo. A ver si esta vez me sale mejor. Como diría mi peor es nada ‘Practise makes perfect’.



Ahora


lunes, 4 de febrero de 2013

This is it


Bueno. Acá estoy de nuevo intentando cambiar mis parámetros neuróticos de perfección, eficiencia, entrega, extremos, absolutos, y etc. La mediana (?) edad me encuentra estresada, con amante casado, muchos muy buenos amigos, una casa hermosa, un campo, un vehículo que me da libertad (de la cual he hecho un culto, como dice mi shrink)

El año que comienza para mí hoy, intentará no ser ni perfecto, ni absoluto e intentaré fluir al son del cosmos al tiempo que disfruto del vértigo del vacío y la falta de limitaciones que a veces lo genera.

Deséenme suerte. Por ahora me voy de vacaciones. Si el forro que me emplea no me hace volver antes, serán largas y espero que fructíferas. Me llevo 4 libros de Kawabata, uno de Murakami (Kafka), Alain de Botton y André Compte de Sponville. Creo que voy bien. Y por si acaso el de Steve Jobs. Que nunca lo termine.

Cariños, C.

jueves, 17 de enero de 2013

Año nuevo de 2013


No soy supersticiosa pero el 13 es el día que nací y siempre me gustó. Nací un martes 13. El año no terminó aún para mi porque todavía no me fui de vacaciones. Hace un año que no me tomo respiro. Terminaré con el chequeo general de salud, levantaré la casa para pintarla y partiré al Este, rogando a Poseidon que no haya NADIES. Acabo de volver de hacerme varios estudios, el último de los cuales fue la ecografía transvaginal. Me la hizo un médico hombre. Cómo seré de trola que la sola vista del ecografo (aparato) me emociona. Salí contenta, volví a mi casa a desayunar y me voy a ir a trabajar, muy relajadamente. Al fondo del horizonte veo una luz finita larga y amarillenta de esperanza. Ruego a quien me oiga que me sea propicio y haga que las cosas sean mejores para mi. Ya sufri demasiado en esta vida. Pague mis culpas, las imaginarias y las inventadas; hice los deberes, los necesarios y los contingentes; hice el bien, trabajé con denuedo. GIVE ME A BREAK!

martes, 1 de enero de 2013

Doce Uvas


Soy poco inclinada al sentimentalismo festivo, pero heme aqui también entendiendo que de ilusiones vive el hombre, y son el motor del cambio y por que no de la relativa felicidad que se puede encontrar a veces en este mundo. Ya se; todos me conocen por mi alegría, optimismo y amor por la vida. Pero las raíces son duras y amargas. Me mueve y motoriza el deseo de felicidad. Anoche tome un pocillo con 6 uvas verdes y 6 moradas. Pedí estos deseos: -amor: que se consolide lo posible. Este año tuve una sorpresa. De esas que no son fruto de una intensa búsqueda a destajo, como entiendo que son producto de ello. Sino de esas que aparecen, inopinadamente, en tu ventana virtual. Y te animaste a seguirla. Esta sorpresa me lleno de gozo, de esperanza, me hizo sentir querida, rodeada de un abrazo doble, suave y tierno. Al punto que me da un poco de miedo la posibilidad de que sea cierto. Esto barrenando esa ola, sin tratar de forzarla, llena de esperanza. Ruego a quien sea que oyera que me una oportunidad en esta vida. Por mi parte intentaré no arruinarlo. -trabajo: deseo tener un trabajo que me guste y que no haga de mi un energúmeno amargo y estresado. Ojalá fuera posible. Y ojalá me conformara con ser mas pobre si fuera necesario. -salud: ojalá pueda sentirme mejor y encarrilarme en un estilo de vida sana - sin dramatizar. -familia y amigos: Que el cosmos me sea propicio y me conserve lo que tanto trabajo y amor cultivo -- y a conciencia. En esto me abrogo cierto mérito. Le pongo mucha energía y cabeza, y amor y piedad. Seguir así. -salud y amor y felicidad para todos los que quiero. Les deseo lo mismo a todos los que quiero, y cuanto más los quiero más les deseo las mismas cosas buenas que me deseo a mí. -poder expresarme: cuando era niña quería ser bailarina. En mi próxima vida me gustaría serlo. Esa capacidad de expresarse con el cuerpo me maravilla. Debería tomar cualquier clase de baile. NOTE TO SELF. Pero básicamente espero poder expresarme. Retomar pintar y escultura pronto. (NOTE TO SELF!) -NO atrancarme en pensamientos negativos y estériles. Cosima: tenés que aprenderlo antes de morir. Tenes que aprender a tomarte la vida con liviandad. Es que no vale la pena lo contrario. De donde sacaste ese amor por la tragedia? Ni importa la respuesta. JUST DO IT. NOW. (Cuántas van? Con el Chandon Delice no logro recordar lo que pedí) -Quiero viajar mas: dicen que viajando se fortalece el corazón. Esto no resiste mucho análisis ni que hablar énfasis. No me acuerdo más. Amén. Amén.

jueves, 27 de diciembre de 2012

No tiene precio. Literal. Como dice Roxi.

Plata gastada para regalos de navidad incluido y no exclusivamente el amigo invisible, demasiada. Regalos recibidos para navidad: 1, fechado 2002. No comment.


jueves, 30 de agosto de 2012

Ahh las excepciones...!

Mi nuevo amante es callado, altisimo, tiene ojos celestes, pantalones de corderoy de baston ancho y loden de tweed. Y botas con suela de goma crepe. Tiene dedos largos y hábiles. Parecería timido, a no ser por indicios contrarios. Tiene ese solo puto defecto. Y yo tengo la carne débil.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Cosima takes a new lover

Que lindo que era cuando todas las cosas que tanto te inquietaban y angustiaban, ahora no conseguis que te importen un bledo. Y todo por sólo intentar fluir.

miércoles, 27 de junio de 2012

Solsticio de junio

Heme aqui, lentamente asomándome de nuevo al ruedo, tratando de engrosar la piel, de tomar perspectiva, y de llegar a velocidad crucero.

sábado, 16 de junio de 2012

La Calandria Renga

Buenommm, acá estoy de vuelta, después de larga ausencia, igual que la calandria que azota el vendaval. Y traigo mil canciones como leñita seca, recuerdo de fogones que invitan a matear. Esa zamba no tiene nada que ver conmigo. No soy especialmente apreciadora del folclore, no me hace vibrar. Pero me nace como la sangre en la herida. Y es fruto de mi training en la secta. En esta nueva etapa de mi vida, digamos la segunda mitad, o el último tercio, o quizá un poco menos, me han estado pasando tantas cosas que estoy medio atónita, medio abombada, agobiada, atosigada. No se muy bien cómo redefinir mi vida, cómo mantener la calma, cómo pensar con claridad. Por todo lo expuesto, no me ha sido fácil escribir. Pero vamos de nuevo a intentar lo que salga. También resolví -mejor dicho se resolvió solo- el conflicto entre mi nueva Mac y el aborrecido proveedor de internet. No se gustan. No hay manera. No hay acuerdo. No hay entendimiento. Brilla el sol y está frío. Para mi peor es nada es un día perfecto. Como el mejor día del verano escocés. Para mí también es 'bracing', fresco y vigorizante. Eso le hace bien a mi estado de últimamente, cuando me siento bastante mal física y emocionalmente. Tengo náuseas, y vivo en estado de semipánico. La verdad la estoy pasando bastante mal. A tal punto que pienso seriamente en dar el paso que me he resistido durante tanto tiempo a dar. Arriesgarme. Que es una cosa que no me gusta. No me gusta el riesgo. No ese tipo de riesgo. Me gusta no se, otro tipo de riesgo. Me gusta la velocidad, me gusta la intriga, me gusta el espionaje, pero no me gusta apostar. Ni en chiste. No me gusta perder ni a la bolita, en resumen. Entonces resulta que he estado perdiendo cosas posibles por no querer arriesgar. Y las dos cosas que mas me importan en la vida son las dos que más he estado rehuyendo. Y entonces a veces siento que soy un alfeñique medio contrahecho, de tanto huir, y de no haber sido valiente, solo por miedo al fracaso. Entonces, ahora me pasa esto: tengo un trabajo nuevo que parecía ideal. Y olvido con frecuencia, por no decir habitualmente, que la realidad no es siempre ideal. Y entonces me pasa lo mismo que entre la Mac y fucking Fibertel. No hay entendimiento. Hay conflicto. No hay acuerdo. No hay producido. No hay satisfacción. Menudo kilombo. Si el viento me ayuda, o el azar me empuja, o en un momentánea distracción o impulso irracional (equivalente a que no resulte feliz mi actual trabajo) por ahí quemo las naves (o al menos las mando a la guardería) y me compro un BA246 y me paso una temporadita en Alba. Ganas no me faltan. Sólo me falta animarme. Si me animo.


domingo, 15 de abril de 2012

Empejorando y sintomizando

Viendo como se desmaya el sol de otoño trato de digerir los últimos acontecimientos y corregir y potenciar el rumbo de mi vida.

Por de pronto busco un poco de serenidad, porque cuando empiezo a hablar como el título de este post, o sea como estoy hablando últimamente, me preocupa.

viernes, 3 de febrero de 2012

martes, 20 de diciembre de 2011

Casualities

Hace poco estuve viendo a The Kings of Convenience en la Trastienda. No tiene nada que ver eso con esto, pero tienen una canción Erlend Oye y Phonique que se llama Casualities, la cual desde entonces resuena repetidamente en mi cerebro. Pero además el kioskero de enfrente de mi casa, que es brasilero, se llama Wagner. Que no tiene nada que ver con el titulo de mi blog. O si.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Equinoccio

No sé cómo pasó. Pero de repente se levantó la presión atmosférica, se disiparon las nubes, se alivianó la atmósfera. Y se produjo un vacío súbito en el que ingresaron unas oleadas del pasado de formas crecientemente benevolentes que me tomaron por sorpresa y que estoy tratando de recibir de la forma más receptiva posible, con el perdon de la cacofonía. Este fue un año aspero. Corrosivo. Mi animo estuvo muy limado por la incertidumbre politica laboral y me hizo mucha mella. Pero desde hace un par de semanas no se si por agotamiento e incapacidad de seguir sufriendo, o porque por alguna extraña fuerza cosmica y magnetica le hizo cambiar la mirada, o porque simplemente empecé a ver y escuchar señales distintas y adquirí una actitud mas pasiva y receptiva, la cual raramente se me da bien. En las últimas ¿semanas? mi peor es nada me dijo que estaba cansado un poco de mí, a lo cual me entregué no sin cierta liberación, inaugurando un poco de indolencia. No mucho más tarde recibo un correo de un antiguo colega que quiere verificar mis coordenadas, disposición, ocupación e inclinación. Almorzamos en el Malba y veo los planetas alinearse sistemática, humilde pero casi inexorablemente ante mis propios ojos virtuales. A continuación mi antiguo jefe me invito a festejar el fin de año con todo lo que significa. Con todo lo que significa 'mi antiguo jefe' y 'festejar el fin de año'. Mi antiguo jefe, hereinafter el Capitán Beto es un señor petiso, de ojos claros, apasionado, benevolente, brillante, pícaro, bueno, apasionado. La primera vez que nos entrevistamos -- bueno, él a mí, tecnicamente-- pasó eso como casi cuando uno se enamora a primera vista. Fue un amor de amistad en el sentido aristotélico. Pero tan fuerte que como dice la expresion tan cursi, ni los años ni la distancia han empañecido. Se dice así? hace tanto que no uso esa palabra. Empañar. Eso, nada lo ha empañado en esta docena de años. Para mi fue como un amigo, un poco padre. Con él conversamos de mis temas favoritos. Sobre todo de mis temas favoritos de aquella época. De la vida, de la existencia, del sentido del dolor, de los goces de la vida, del esfuerzo, del empeño, de la creatividad, de la gracia, de Dior, de Dior, y de arte, familia, amor, sexo, plata, trabajo, raza, religión, herencia, ejemplo, educación, aprendizajes. Yo de él aprendí muchas cosas importantes de la vida. Aprendí que es mucho más importante la intuición que el intelecto, la constancia que el empuje, la benevolencia que la verdad. Despues de anoche, alumbré una resolución. Voy a estar cerca suyo antes de que sea tarde. Y encima de todo lo antedicho mi casa huele a cera, trementina, curry y aceite de oliva extravirgen. Hoy no le pido más nada a esta vida.

lunes, 18 de julio de 2011

Golden Cage

Ayer salí a amortizar mis nuevas zapatillas, aprovechando el día soleado, fresco y seco. Fue toda una experiencia salir con los anteojos de ver. Generalmente salgo sin ellos, por diversas razones. Una es para evitar ver al idiota que mea con todo el gallinero afuera atrás de un árbol del rosedal. Otra porque pienso mejor sin anteojos. Como si me costara encerrame en mi cascarón...

Pero ayer venía mirando el pastito cuando veo una mancha amarillo-verdosa que piaba. Era un pajarito con pinta de canario, y una pulsera en la pata. Me quedé atónita tratando de descubrir por qué un canario estaba en los bosques de palermo -- y no volaba. Quizá estaba enfermo, o quizá no había volado nunca. Por ahí era de criadero y estaba totalmente perdido en la inmensidad de la selva, según sus estándares. Por ahí estaba enfermo. O quizá alguien lo había liberado pero no sabía qué hacer con tanta libertad. No sabía si rescatarlo: podía comprarle una jaulita y mijo y cáscara de huevo, o dejarlo libre y librado a su destino, que parecía poco propicio, ya que en apariencia no podía volar.

Me decidí por la libertad. Cuyo precio tan caro no me es extraño. Hoy tuve ganas de rezar por él.

martes, 28 de junio de 2011

El Espanto

La primera parte de esta etapa nueva, que aún a pesar de lo atractivo que una nueva etapa pueda ser, no conseguía ser estimulante bajo ningun concepto. Una densa nube negra se cernía permanentemente sobre mi cabeza, ominosa y turbulenta.

Recuerdo subir la barranca para ir al colegio. Mirar el tanque de agua en la punta de la loma deseando poder pensar que era linda y que mi mente se distrajera un poco. Casi consigo ese efecto al llegar el primer día al colegio y ver en la puerta escrito en piedra nada más ni nada menos mi propio nombre. Fue como en las películas de ficción como cuando te chupan extraterrestres y empezás a ver todo bajo una perspectiva veloz. Pero no había ninguna verdad nueva con estos descubrimientos.

El ritmo lo marcaban los informes de los médicos sobre el estado de salud de mi padre. Nunca eran buenas las noticias. Sí nos alegrábamos con pequeños avances. De hecho fue el único avance, a pocos días de haber sufrido el accidente: abrió los ojos. Desde ese momento, hasta 1312 días más tarde, su situación casi no variaría, y miraría al mundo con sus ojos color añil y ninguna expresión en el rostro nunca jamás.

jueves, 23 de junio de 2011

El comienzo del espanto

Alguien apareció en la cancha trayendo una puerta sacada de quicio. ¿Cómo alguien pudo pensar en qué hacer?

Yo no me atrevía a acercarme al lugar de los hechos. Pero lentamente, fui superando una fuerza invisible que me retraía del lugar. Hasta que alguien me sacó del lugar de los hechos.

Aún así ví como ponían a mi padre sobre esa puerta. Despues no sé si vino una ambulancia o lo llevaron a Mar del Plata. Allí lo internaron en la Clínica Privada. Pasó una semana sin noticias, cuando a eso del sexto día vino la primera 'buena noticia'. "Abrió los ojos".

En el interin se sucedieron un montón de planes logísticos entre los que se contó que nos mudaríamos a vivir a Mar del Plata a la casa de una amiga de mi abuela, esperando a ver qué sucedería. No lo podían mover ni había nada que hacer. Primero anunciaban: "esperar 24 horas" luego 48 horas, luego 72 horas. Paso a paso en un calvario imposible de imaginar.

Había cierta alegría de mudarse a una casa soñada en un lindo barrio. Y bastante inquietud de empezar a ir a un colegio nuevo. No se sabía nada. No se sabía ni nadie decía qué pasaría, hasta cuándo duraría.

En el colegio percibía una muda solidaridad. Todos nos miraban expectantes, y nos sentíamos un poco alienígenas por lo que nos estaba pasando. Mientras tanto yo me sentía como me sentiría muchas veces a lo largo de mi vida. Alguien que mira una película que no entiende, que es demasiado dolorosa, y paralizada por el espanto.

Todos esos meses se caracterizaban por una tensa espera, por la compañía magnífica de una inmensa y muy unida familia que apenas hacía mas tolerable una realidad lacerante.

El único recuerdo grato era patinar en la barranca de la calle San Lorenzo y las idas a la playa después del colegio a jugar al truco y a fumar. Fumar ya no era un atrevimiento pecaminoso sino casi un merecimiento algo salvador.

miércoles, 22 de junio de 2011

Papote

Después de una infancia muy feliz, llena de música y alegría, un verano en 1975, de esos veranos que casi aburrían y ya eran más otoño que estío todo se derrumbó de manera tal que nuestras vidas no volverían a ser las mismas.

Apurábamos todos las últimas veladas, las últimas idas a la playa, los ultimos chapuzones en el tanque australiano, las últimas 'escondidas'. Aparecía cierta inquietud por las tardes, que nos recordaban que nuestros veraneos llegaban a su fin. Aún cuando muchas veces hasta nos aburríamos de jugar a los aviones, montados en las ramas bajas de los abetos, y de hacer guerras de bellotas y de bosta seca (y a veces no tanto), siempre era no sin cierta amargura que dejábamos esa vieja estancia que había albergado tantas generaciones. Los amigos de la familia eran bienvenidos y partían felicitándonos por la concordia entre tantas personas de diferentes generaciones.

Esa tarde, como muchas otras, ya empezaba a refrescar un poco, y nos sentábamos en los capot de los autos, que conservaban el calorcito del motor por un rato. Los caballos corrían casi desaforadamente de un extremo a otro. Los jinetes también sacaban espuma por la boca en ocasiones. La adrenalina corría libremente. Y la diferencia de las generaciones no siempre se respetaba, fruto de la intoxicación hormonal y a veces alcohólica.

Estaba mirando el partido más o menos anodinamente, como si fuera uno más de los tantos que ví en mis 14 apenas años de existencia, acostumbrada a ver a mi padre sudar tanto como sus yeguas. La Barbarella y la Flecha eran sus preferidas. Y de repente un desaforado pechazo por la derecha hizo volar a mi padre por el aire, y cayó sentado. La nuca pegó un chicotazo contra el piso y ahí quedó inerte.

Ví a mi madre, que hasta entonces estaba sentada al lado mío con su pelo batido y su cigarrillo Peter Stuyvesant, salir corriendo como un rayo, mientras perdía los zapatos por el camino. Podría asegurarse que vio su vida desvanecerse frente a sus ojos. El destino le daría la razón.

viernes, 17 de junio de 2011

Full Circle again

Habiendo llegado a la edad provecta, he tomado al toro por las astas y he encarado una revisión existencial y física.

Empecé por hacerme un chequeo médico general, fruto del cual intentaré dejar de fumar, mover más el orto, y sacarme las innumerables piedras alojadas en la vesícula. Sin embargo, las que tengo en las glándulas salivares, no logran interesar a nadie. En el proceso de pedir turno con un cirujano (puaj) me topé con un nombre que desencadenó una cascada de recuerdos que con tanto esfuerzo contengo en el fondo más recóndito de mi materia grisácea desde mis años adolescentes.

Al Dr. Brea lo oí nombrar durante por lo menos 3 años y 7 meses. El Dr. Brea era como una referencia monumental y mítica para María Casais. María Casais era una enfermera gallega que había trabajado con el Dr. Brea, si no recuerdo mal, en el Hospital Británico. María Casais era de Finisterre. Era la persona más austera, dura, aguantadora, sólida, entregada y abnegada que conocí en mi vida. Probablemente un poco más que mi propia madre, que no se quedaba corta en la cuenta de esa cualidades. Ahora, el hecho de haber traído estas cosas a la memoria da pie a que empiece a vomitar una cadena interminable de cosas tremendas, que a lo largo de todo este no tan corto blog, he evitado con éxito.

Pero este es el anuncio. Iré acometiendo esa serie nefasta, negra y dolorosa en dosis homeopáticas. Quizá llegó el momento de hacerlo.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Todo culpa de la bergère

Esta mañana cuando me levanté salí a ver el termómetro, porque sé que los medios, con esa manía argentina de manipular la realidad, siempre agregan dos grados en el verano y sacan otros dos en el invierno a la temperatura verdadera. Al abrir la ventana empujé con el trasero una 'bergère' que ahora tengo en mi casa que era de mi madre, antes de mi abuela, y no se si de alguna otra generación. El ruido que las patas robustas hicieron al arrastrarse por el piso de madera me llevó inmediatamente desde ese estado de semi-vigilia a la casa de mi abuela paterna, Máma. Cuando yo tenía poco más de una década, iba los domingos a dormir a su casa. Cuando me acostaba, en un cuarto para mí sola, en un barrio más ruidoso que el mío - o al menos con ruidos distintos, como los autos bajando por la barranca, y la ausencia de pisos crujientes, me costaba mucho dormirme, así que no me gustaba tanto ir. Además en el desayuno, prolijamente preparado eso sí, había café instantáneo aunque hubiera manteca. Y a mi me gusta el café de filtro, bien fuerte, ya desde entonces. Pero lo que sí recordé esta mañana fría de otoño porteño, fueron los olores de esa casa. El olor a cera de los pisos. El olor a los buñuelos de seso y de consomé. El olor de los radiadores detrás de las protecciones de madera. El jabón de tocador de La Franco-Inglesa. El aroma embriagador de felicidad de 'L'Air Du Temps'.

Indisolublemente unidos al recuerdo de los olores está el grabado en mi cerebro la colección de pastilleros que posaban estoicos sobre la repisa a la entrada del living. Los había de cerámica y de metal con esmaltes de muchos colores. Muchos eran color turquesa, igual que los perros chinos que hoy me encantaría tener en mi propio living. Otros tenían florcitas rococó. Estaban los redondos, los ovalados, los cuadrados y los rectangulares (o con forma de prisma debería decir) Pero todos en la tapa tenían motivos diferentes. Unos eran tallados, otros repujados y otros pintados. ¡Y todos se podían tocar!

La colección de pastilleros podría ser una metáfora de abuela: extremadamente refinada, con ese refinamiento que se hacía más glorioso por su falta de pretensión, de pose. Y por su firme modestia.

lunes, 2 de mayo de 2011

Slipstream

Además del sueño recurrente del que me despierto afiebrada porque tengo la boca ahíta de alfileres con las puntas hacia afuera, sufro de otro que es aventurarme por calles desconocidas y perderme aunque todo me resulte familiar. A veces tienen total sentido estos sueños. Estos últimos días, sobre todo el segundo. Me pasan demasiadas cosas que me es imposible procesar. Quiero y no puedo acomodarlas en mi mente, entenderlas y obrar en consecuencia y con orden, lógica y sensatez.

En esta breve temporada me visitó mi caballero andante. Su armadura es flexible pero huele bien, su espada me traspasa, sus palabras me serenan. Su abrazo me da paz y amor. Todavía no me decido si soy muy cobarde o muy sensata.

Pero entonces me decido por no hacerme caso y fluir. Y ver qué me depara el destino, sin querer que éste se ajuste a lo que yo quiera.

jueves, 7 de abril de 2011

Cambia, todo cambia.

Afuera está bochornoso y tengo las manos, pies y nariz fríos, casi helados. Y está nublado. Tengo frío y todavía ni siquiera está demasiado avanzado el otoño.

Se avecina una temporada donde los inmensos cambios que se producen a mi alrededor van tomando forma, mientras yo me hago la distraída para no caer presa de la angustia ni, dentro de lo posible, la ansiedad.

En un plazo mediano mi trabajo en esta empresa románica que me da tantos beneficios -que me da pudor enumerar y me pregunto si habré apreciado mis ventajas lo suficiente y me respondo que creo que sí, que bastante-, llegará a su fin. Al menos como lo conocía.

Además, en el futuro inmediato llegará mi caballero andante y extranjero. Convinimos tener una conversación bastante definitiva la cual yo soy la primera en querer esquivar.

Interim otros acontecimientos sociales y familiares me empujan hacia un cierto protagonismo que rehuso.

Pero como leí hace un rato, hablar y pensar a veces es contraproducente. Con lo cual voy a seguir con mi navegación a tientas, hacia donde me lleven las corrientes. Quién sabe. Quizá sería mucho más sensato y trajera bienaventuranza.

miércoles, 23 de marzo de 2011

50 años no es nada

El propósito subyacente de este blog es intentar escribir los recuerdos que recuerde y las cosas dignas de relatar.

Aunque no he cumplido con aquello de que la inspiración nos ha de encontrar trabajando, me excuso de no haber producido nada.

Otra vez recurro a lo más fácil, las memorias de la niñez. En este caso con la esperanza de que la imagen diga muchas cosas que no puedo expresar, porque como en ese sueño recurrente, tengo la boca tupida de alfileres.

jueves, 20 de enero de 2011

The Connector

Cuán a menudo me acuerdo de los consejos y apreciaciones desinteresados de mis amigos más entrañables e íntimos. Por ejemplo, de aquella vez que Iolande afirmó tan rotundamente que imprimió para siempre: "Ay, Cosima, ¡es que vos hacés todo mal!".

Y tiene mucha razón. He aquí un ejemplo. Acabo de realizar una transacción brillante, en modo remoto. Y como muchas otras veces, los beneficiados fueron los otros.

Está mal perpetrar actos desinteresados y encima de una efectividad y adecuación impolutas. Está muy mal que yo no haga cosas así por mí. Algo está rematadamente jodido por ahí adentro.

martes, 28 de diciembre de 2010

La Hija del Ingeniero

Cada vez que miro esta foto me provoca una admiración enorme. Edipo vive.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Solsticio de Diciembre en el Hemisferio Sur

La proximidad del solsticio de verano no me sienta muy bien. Seguro porque el sol gira como un loco sin ponerse en el polo sur. Mejor dicho: me sentaría mucho mejor si no estuviera yo donde casi siempre me encuentra, sin poder hacer mucho por evitarlo. Este año voy a variar un poco (seguir variando) mis costumbres. Mi intento de tomarme las cosas con más calma y que todo me resbale más ha mostrado pequeños pero alegres frutos. Ahora el año termina y ha sido arduo pero con algunos frutos más o menos notables y puedo relajarme al menos mentalmente y hacer la plancha, al menos mentalmente.


Que es lo que pienso hacer a partir de ahora mismo.

martes, 30 de noviembre de 2010

Rifa

Ayer me dieron el premio 'ovarios de oro'.

Primero me alegré, después lo pensé mejor, y ahora francamente, me preocupa.

Esa tolerancia que solía tener, se está desintegrando como talco en el aire.

martes, 26 de octubre de 2010

Moviendo el Carro

Floreció el lapacho rosado de Elizalde (¿era Elizade?), subieron dos centígrados y los hombres surgieron de su letargo como hongos después de la lluvia. Pero las mujeres, o al menos yo, también estamos diferentes. Dos grados más y me cuesta levantarme y me siento perezosa aunque tengo ganas de arrojarme irracionalmente a nuevas aventuras. Como dice Mixmi, he estado agazapada, pero de repente ¡zas!

Ayer, después de otro día anodino en la oficina, me calcé el deportivo y me fui al Rosedal. No me sorprendió tanto, pero había mares de gente. Hasta un idiota que decidió que el medio del circuito es de su propiedad y de las cuatro veces que lo crucé, dos casi me atropella. Hoy voy a ir de nuevo y si puedo le hago una zancadilla.

Cualquier cosa con tal de no llamarlo al francés.

jueves, 26 de agosto de 2010

Tail Wind

Algo cambió o está cambiando. Los clichés por previsibles no son menos ciertos. Después de grandes cambios ó crisis, una vez que una puede sacar la cabeza del agua y despues de recuperar el aire y volver a respirar normalmente, hasta relajadamente, cosas buenas empiezan a suceder.

A veces me veo tan lerda por no ver o aceptar las cosas antes - incluso cuando hacerlo me reportaría un inmediato beneficio!

Anyway. Despues de una temporadita en el infierno de nuevo me siento 'quite myself again'. Tengo energía, inspiración, y cierto valor para encarar cosas. Y de encararlas con menos angustia.

Quizá es la aproximación inexorable de mi cumpleaños número cincuenta.

lunes, 19 de julio de 2010

Llueve

Desde la última vez que fui a Londres en invierno, me cambió la percepción. Entendí que la lluvia es necesaria, que no tiene por que ser mala.
Además me tranquiliza naturalmente.
Me pone más reflexiva.
Me suaviza el carácter.
Me hace hablar en voz más baja.
Y más grave.
Me enojo menos.
Además estoy más lucida y con ganas de trabajar.
Además le hace bien al campo y promete buenas cosechas.
Me gusta la luz que traen los cielos grises.
Me inspira. De un modo indeterminado y no focal.
En definitiva, me hace bien.

miércoles, 23 de junio de 2010

Qué copiona

Siempre me pregunté qué tipo de augurios acarrearía ponerle el nombre de Cosima en una tierna criaturita. No me habría animado.
http://www.dailymail.co.uk/tvshowbiz/article-1288962/Proud-new-mother-Claudia-Schiffer-decides-carry-new-daughter-Cosima-arms-stroll-London.html

miércoles, 9 de junio de 2010

A La Mierda Con Los Faroles

Estoy sumida bajo una montaña de angustia que me ahoga y siento que en cualquier momento puedo explotar. Me están sucediendo tantas cosas a distintos niveles, que si no me desahogo creo que me va a dar algo.

Hace trece días el ciudadano galo que conocí hace dos años y tres meses, si mis cálculos no fallan, reapareció, anunciando que ahora era libre. Ipso pucho iniciamos un romance apasionado y épico, como de novela francesa. Algunos días le cociné aún a pesar de la aprensión que me daba someter el fruto de mi dedicado esfuerzo a su criterioso paladar; otros cocinó él delicias como 'Crème Dubarry'. Ordena, hace la cama, lava los platos, acomoda el living. Me ayudó con la mudanza de la casa de mi madre, cargó cajas, embaló porcelanas y cristales. Por las noche me pregunta "veux tu venir à mes bras?. Y por supuesto, encuentro esa invitación del todo irresistible. Tiene un talento de proporciones titánicas y aunque es difícil, cuando actúa, me manda a las extragalaxias. Además me abraza mucho, me acaricia la piel en su entera extensión, y me llena de besos a la vez que me dice palabras dulces como 'coquinette'.

Pero siempre está ese pequeño detalle y es su ¿ex? No está fuera de la foto de modo absoluto, como me gustaría a mí, sin llamados ni pedidos de servicios. Sostiene que es difícil, que está en brete apretado.
Adoro la certidumbre, y sin embargo, me veo forzada a navegar en las aguas oscuras y viscosas de la duda permanente. !¿Por qué no puedo fluir?! ¡Porque mis entrañas les gustan las cosas claras!. Si! Blancas o negras!

jueves, 3 de junio de 2010

Virazón

Dicen que los extremos se atraen. Siempre fui amiga de los extremos y de las atracciones irremediables. En esta temporada pasé, sin solución de continuidad, de sentirme casi miserable, a no poder creer que mi suerte podría llegar a cambiar tan radicalmente. Las uvas están verdes, pero las perspectivas son tan buenas, que me invade simultáneamente un miedo pánico de que esto sea fruto de mi poderosísima imaginación.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Quemar las naves

Esta mañana me sorprendió mi propio malhumor. Al principio lo atribuí a que desde temprano tuve que atender llamadas del viejo continente, con quien nos llevamos 5 horas de diferencia, por lo que a nuestras 9 horas antemeridianas, todos están ansiosos. Después lo atribuí a que en esas conversaciones fueron con dos personas bastante pesadas. Me dolía la cabeza y me tomé un actrón.

Ahora que hice una pausa para almorzar mientras webbeo, tuve un momento de iluminación: anoche soñé con mi madre. Ella me decía en el sueño: "No me digas más 'mamá'. Ahora decime Ana."

Lo interpreto de dos maneras: me rechazaba, ó al fin terminé mi duelo. Las dos cosas son re dolorosas. Pero también tengo una sensación que algo tiene de liberación.

martes, 18 de mayo de 2010

Algunas cosas, realmente, no tienen precio

6:00AM Me despierto con 'Señal de Ajuste' en La Metro. Buena música, hablan poco.

6:45AM Me presento en Colombia 4300 y me dispongo a hacer cola, cosa que se encuentra dentro de las que más detesto en este mundo, junto con sacar fotocopias. Es de noche y hay mosquitos. Me doy cuenta cuando me miro las piernas y sobre las medias negras tenía multiples manchitas pardas disfrutando del precioso líquido.

7:20 Me atiende señorita bastante amable, quien me retiene los documentos y me dice que espere mientras los procesa y me hace esperar en una segunda cola. Mientras los zancudos siguen disfrutandonos a los que esperamos al sereno. Avanzo.

7:30 Ingreso al fuerte del imperio extranjero. Me franquean la entrada cuatro guardias de seguridad por suerte, autóctonos. No había llevado teléfono móvil porque lo había leído en la interné, ni otros artículos electrónicos por la misma razón, ni desodorante ni perfume porque ya me había puesto. Pero me hicieron dejar las llaves del auto, un pendrive con mis archivos más preciados, y los cigarrillos, que menos mal que estaban cerrados. Si no era para fumárselos, ¿para qué los querrían? Me preguntan si tengo plata, les digo que estoy forrada. Me preguntan si estoy casada y les digo que no, que sino por qué creen que tengo tan buen humor a estas horas intempestuosas. Avanzo.


7:40 Me atiende otra señorita, igualmente amable, quien me dice que tengo el numero 132. Dice que los primeros cien los entregan a discapacitados, viejos y madres. Y que a partir de los cien atiendel al resto. Le pregunto si por mi avanzada edad no me debería dar un número entre los primero cien. Dice que no. Me toman las huellas dactilares. Espero los 32 números que me separan de mi cita,más los siete de los ancianos, discapacitados, y madres (qué asociación más tremenda) soportando el olor de una ciudadana cubana sentada a mi lado, que se había inmerso -previa visita al consulado- en un perfume rancio y pasado de moda, hasta que al final suena mi turno.

8:50 Me atiende un Mike, porque no se podría llamar de otra manera. Me pregunta a dónde pienso ir, le digo NY, me pregunta cuánto tiempo, le digo unos quince días Dior mediante. Me dice a qué, le digo vacaciones. Me pregunta si estoy casada (¿qué les importa?). Me pregunta dónde trabajo (obviamente ya sabía que trabajo y dónde y cuánto gano y unos cuantos datos filiatorios más, le contesto que en una empresa que adminstra autopistas. ¿que adminstra qué? AU-TO-PIS-TAS. (No sé si por sordo o por yanki que no entendía). Me preguntó dónde vivía y le contesté descaradamente A LA VUELTA. Ah vecinos, me dice. Si, contesto.

9:00 Bueno, pasá por DHL para pagar el envío. Tenés otorgada la visa.

Todavía estoy un poco atónita por que no sé qué salió bien cuando iba munida de toda la artillería posible, por si me la pedían.

Ahora me voy a tener que ir de viaje, nomás.

jueves, 8 de abril de 2010

Meandros de la Mente

Estuve una semana en mi pueblo favorito, aprovechando la festividad Pascual. Disfruté largas caminatas por las playas solitarias, saqué fotos que me salieron bastante bien. Pero volví y el aire acondicionado de la oficina full throttle me consiguió una gripe llena de mocos y noches con pesadillas. Además mi querido amigo Pancho, volvió de emergencia de Londinium porque su padre esta gravemente enfermo. Las largas conversaciones con él se nota que activaron algo en mi mente.

Anoche produjo una imagen de mi padre tan nítida como nunca jamás lo había soñado en treinta años. Tenía su pelo castaño claro peinado hacia atrás, estaba recién afeitado y olía su Carnaval de Venise, hablaba un poco de lado mostrando parcialmente sus dientes blancos y bien alineados como así también su ser un poco socarrón y su voz musical e hipnotizante. No la pude dejar de reconocer. Y me abrazaba.

La llamo a mi hermana para compartirlo con ella y me desdijo. Según ella, no era mi mente -a la cual yo le atribuí cualidades inefables por las cuales rescataba datos muy detallados archivados cuidadosamente en un resguardo secreto-, sino que me había visitado él mismo en persona, el merísimo Manuel Isaías, que tan joven nos dejó.

Por suerte todavía tenemos su guitarra.